-Buenos días a todos y bienvenidos a la escuela Glóbulos rojos para vampiros. Dijo la profesora al entrar en aquella aula repleta de jóvenes e inexpertos secuaces. -Buenos días. Contestaron todos a coro.
- Están ustedes en la clase de formación básica. Durante este cursillo profundizaremos en tres módulos básicos. El primero lo destinaremos a la supervivencia, el segundo a la caza y el tercero pero no menos importante, a la etiqueta y el saber estar. Para tener el título oficial de vampiro hay que superar cada uno de estos módulos y las correspondientes prácticas. ¿Alguna duda?
Uno de los alumnos levantó la mano.
-¿Sí? Dígame señor Everet. Respondió la profesora señalando al alumno.
-¿Es posible elegir el destino de las prácticas?
-No. Los destinos se conceden al azar. Sino todos querrían ir a Transilvania y la familia Drácula ya está a tope. ¿Alguna pregunta más?
Viendo el silencio de la sala la profesora Vera siguió con la lección.
-Empezaremos con la supervivencia. Todo vampiro debe saber cuáles son las normas básicas para seguir vivo. A continuación las enumeraré y las explicaré y luego, os pondré casos prácticos. Las principales normas son:
1. Los vampiros dormimos de día. La luz del sol nos quema y nos mata y por tanto, debemos tener un refugio donde guarecernos del sol mientras dormimos, plácidamente. Aún recuerdo el celebre caso de un estudiante de este centro que, tras una borrachera, confundió su ataúd con una maquina de rayos UVA. El final de esta historia no es difícil de imaginar. Sólo quedó un vampiro chamuscado.
2. Los vampiros no soportamos el ajo, es más, el ajo puede acabar con nuestra vida. Así que, hagan el favor de comprobar los ingredientes de los platos cuando vayan a un restaurante. No se pueden imaginar cuantos vampiros han muerto absurdamente tomando unas gambas al ajillo, o unas setas salteadas.
3. Los vampiros no soportamos ni las cruces, ni el agua bendita. Por tanto, si deciden entrar en una iglesia, recuerden que no es aconsejable santiguarse con el agua bendita de la pica bautismal y tampoco hace falta que comulguen. Guarden los cumplidos y el saber estar para otra ocasión. Hay unos cuantos colegas suyos tan eruditos, que llevan la forma de la cruz marcada en su frente de por vida, o el paladar achicharrado.
4. Los espejos. Cómo supongo saben, los vampiros no nos reflejamos en los espejos así que, es aconsejable no ponerse enfrente de ellos. En primer lugar, porque no queremos llamar la atención y en segundo lugar, porque nos pondríamos en peligro al descubrir nuestra naturaleza.
5. Recuerden, sí, son inmortales salvo si les clavan una estaca en el pecho; pero no hace falta hacer alarde de ello. Espero que este curso no me lleguen noticias del tipo de: “Un hombre se tira desde un puente de más de cinco metro de altura y sobrevive, milagrosamente, sin un rasguño tras ser arrollado por un trailer” Se supone que debemos pasar desapercibidos, no dar la nota.
6. Por último, ningún vampiro puede matar a otro salvo que sea de mayor rango y lo desafíe para asumir el lideraje del clan. Si eso se incumple el vampiro culpable será proscrito, o condenado a muerte. Y les aviso, no sirve de nada decir aquello de “yo no quería, fue un accidente, el me clavo primero el colmillo...”
¿Tienen ustedes alguna pregunta?
-¿Y si un día le doy un beso a una chica y ha comido ajo? Preguntó un chico al fondo de la sala.
Vera suspiró con resignación. Ya había empezado, como cada año, el ciclo de preguntas idiotas y absurdas.
-Limítese a confraternizar con los de su especie y no tendrá esos problemas.
-¿Y si alguien me rocía con agua bendita? Insistió el mismo muchacho.
-¡Señor Sean! ¡La gente no va por la calle rociando al personal con agua bendita!
Tras una pausa de un segundo, Vera dio paso a una muchacha que levantaba también la mano.
-Y digo yo ¿Todavía no han encontrado un remedio para lo de los espejos?
-¿Remedio?
-Sí, es que peinarse y maquillarse sin verse la cara es un poco jodido.
Visto lo absurdo de la pregunta, Vera contorneó la cabeza en señal de desaprobación y no se molestó ni en contestar. Entonces otra chica levantó la mano y preguntó:
-¿Y si nos disparan con una bala de plata?
-¡Las balas de plata sólo matan a los hombres lobo! Parece mentira que lleguen a la escuela sin haber adquirido los conocimientos más básicos. Respondió Vera indignada.
-Bueno. Ahora voy a poneros casos prácticos y veremos si habéis entendido la lección.
Imaginemos que os invitan a comer a casa de vuestro jefe. De primero hay revuelto de ajos tiernos. ¿Qué hacéis?
Sin ni tan siquiera esperar a que la profesora le diera la palabra, un chico de la tercera fila se precipitó.
-Me lo podría en la boca, iría al baño y lo tiraría en la taza.
Vera se llevó las manos a la cara en señal de desesperación.
-Muy bien... un vampiro menos. Acaba usted de quemarse como mínimo la boca, la lengua y la garganta. Nunca, repito nunca, se pongan nada que pueda ser tóxico en la boca. La respuesta correcta sería declinar probar el plato, alegando alergia al ajo.
-¿Y si me lo pongo en el bolsillo de la chaqueta?
-¿Acaso tiene una mano a prueba de ajos? Preguntó la mujer algo nerviosa.
Se hizo un tenso silencio y Vera prosiguió.
-Bien, vamos a por el segundo caso práctico. Estamos lejos de nuestra guarida y está a punto de amanecer. ¿Qué harían?
-Ponerme una visera y unas gafas de sol. Contestó una de las chicas de la primera fila.
-¡Pero será animal! Ya tenemos otro vampiro menos y a este ritmo me quedo sola.
-¿Y si cojo un paraguas? Insistió la chiquilla.
-¡¡¡¡Uuuffffff!!!!! Dijo resoplando la profesora tratando de contenerse. La respuesta correcta es buscar un sótano, un metro o algo similar y esperar a que anochezca. Creo que por hoy lo vamos a dejar aquí. Nos vemos mañana. Dijo la mujer algo desesperada por la torpeza de sus alumnos.
A la mañana siguiente, Vera prosiguió con la lección.
-Buenos días a todos. Ayer terminamos el módulo de supervivencia y hoy vamos a hablar de la caza. Todos los vampiros debemos aprender a cazar para alimentarnos sin embargo, hay una serie de normas que debemos preservar para no salir perjudicados:
1. Nunca cazar en nuestro entorno cercano. En cuanto empiecen a darse casos de mordeduras de vampiro cerca de nuestra casa, o en nuestro círculo de amistades, podemos pasar a ser sospechosos. Os recuerdo que ante todo debemos pasar desapercibidos. Además, no es de muy buen gusto el ir por ahí mordiendo a los amigos y por otro lado, resulta algo engorroso quedarse sin portera o sin mujer de la limpieza. Es más práctico irse a cazar lejos de casa.
2. Las mordeduras deben ser limpias y en un lateral del cuello. Si mordemos la Aorta vamos a desangrar a la víctima inútilmente, además de mancharnos. Si queréis, al final de la clase podréis practicar con un maniquí.
De pronto, uno de los alumnos interrumpió.
-¿Y si mordemos en otra parte del cuerpo como un brazo, una pierna...?
-¿Sabe usted cuántos mordiscos son necesarios para obtener la suficiente sangre mordiendo una pierna? ¿Acaso quiere convertir a su víctima en un colador?
Una risotada generalizada sonó en el aula. Vera siguió con la clase.
3. Hay que tratar de no llevarse la cena a casa. Ya sé que es muy cómodo estar con pijama, tranquilamente en el sofá de casa y darle un bocado al invitado de turno pero... deben recordar que esto no es como el Telepizza. Al final, si la comida viene a casa, acabarán por pillarles.
4. Las reservas y la conservación. Hay que aprender a envasar raciones de sangre al vacío, para épocas de crisis. No todos los días somos capaces de cazar, pero necesitamos sangre a diario. De todas formas, si van a llevar invitados a casa traten de tener la sangre en una nevera independiente. Si algún invitado abre su nevera en busca de un refresco y se encuentra con tan anómalo arsenal, puede estallar el pánico. Aún me acuerdo del famoso caso de un vampiro que en Navidad, se le fue la olla y a falta de reservas para realizar su magnifico ponche de sangre y arándanos, decidió atracar el banco de donantes del Hospital Central. Salió hasta en vampiro 5 TV “Vampiro con síndrome a abstinencia asalta el Hospital en busca de sangre”
¿Alguna pregunta? Se hizo el silencio.Bien, viendo que no hay preguntas pasaremos al caso práctico. Imagínense que están desesperados y muertos de hambre y no encuentran caza, ni tienen reservas. ¿Qué harían?
Un chico levantó tímidamente la mano.
-¿Vaciar el cubo de las compresas y tampax de un baño público?
-¡¡¡Dios Santo!!! Exclamó al profesora con expresión de asco y sobrepasada por aquella respuesta.
-¿Morder a un perro, a un gato, a una rata...? Contestó otra alumna.
-¿Y si me corto la venas y chupo de mi sangre? Añadió otro chico.
-¡¡¡¡Basta!!!! ¿Es que os habéis propuesto batir el récord de tonterías por minuto?
Agotada y acalorada Vera se sentó un minuto y tomó aire.
-Sinceramente, ¿A nadie se le ha ocurrido la opción de pedir prestada sangre a un compañero?, ¿No era más fácil que todas las barbaridades que han dicho?
Todos se miraron sorprendidos por aquella respuesta.
-Último tema. Apuntó Vera extenuada por aquella clase. Vamos a hablar de la etiqueta. Verán señores, somos vampiros, no payasos, drak queens o transformistas. Yo recomiendo ir vestido como el resto de los mortales. Esa es la mejor forma de pasar desapercibidos. No hace falta pintarse los ojos de negro, ni ponerse lentillas rojas, ni enfundarse en un smoking con capa negra y roja, ni engominarse el pelo al estilo de Boris Karloff. Por cierto, antes de acabar la clase, un último consejo. Recuerden una cosa, los vampiros no vuelan, sólo vuelan los murciélagos. Si todavía no saben convertirse en murciélago, no traten de volar. Lo digo porque cada año tenemos que desincrustar del jardín a algún energúmeno que ha decidido hacer prácticas de vuelo ataviado con una capa a lo superman desde el terrado de la escuela. Ah! Y otra cosa más. Están terminantemente prohibidas las novatadas. Nada de cambiar las bolsas de sangre de la cocina por tinte rojo, nada de estacas falsas, o de llenar las habitaciones de cruces. ¿Queda claro?


