jueves 23 de febrero de 2012 | By: Laura Falcó

Catástrofe

Las compañías aéreas y las ferroviarias saben con certeza el porcentaje de ocupación media que sus transportes tienen en los diferentes días de la semana y en sus diferentes franjas horarias. Lo que quizás nadie había visto hasta aquel momento es que esa media quedaba completamente desvirtuada en ocasiones muy puntuales y que esas ocasiones, estadísticamente imposibles, siempre coincidían con catástrofes. Aron estudió aquello en profundidad. Había escogido el sector transportes para su trabajo de final de curso sin imaginar que un mero ejercicio estadístico le iba a revelar algo tan inquietante. ¿Cómo era posible que en los accidentes de tren o avión siempre hubiese un 15% menos de ocupación con respecto a la media de aquella franja horaria? Era como si parte del pasaje intuyese lo que iba a ocurrir y cambiasen sus billetes unos días o unas horas antes. Incluso la cantidad de gente que perdía ese vuelo o ese tren superaba con creces la media habitual. Aquello era estadísticamente inexplicable. Revisó los datos una y otra vez buscando el error; un error inexistente. A la mañana siguiente debía entregar su estudio. Estaba convencido de que el profesor Irons también se quedaría estupefacto ante aquella realidad.


-¡Inexplicable! Exclamó Carlton Irons al releer por segunda vez el estudio.

Aron le miró expectante, sabiendo que aquello revestía una trascendencia que superaba por mucho aquella aula.

-Has hecho un buen trabajo Aron. Añadió Irons defraudando las expectativas que Aron se había generado.
-¿Y eso es todo? Preguntó deseoso de poder usar aquel estudio para algo más que para conseguir una buena nota.
-No sé a qué te refieres. Respondió Irons
-¿No lo ve?, se podrían salvar vidas.
-¿Cómo? Preguntó Irons descolocado por aquella pregunta.
-Si las compañías de transporte sacaran un informe estadístico comparativo antes de cerrar las puertas sabrían que ese tren o ese avión está estadísticamente avocado a tener un accidente.
-Aron, esto es un ejercicio teórico brillante pero, tratar de magnificarlo hasta el extremo de crear una alarma social, no es razonable.

Aron movió la cabeza negando aquella máxima. Estaba tan convencido de su teoría que no aceptaba otras visiones sobre el asunto. Salió de aula y en su cabeza porcentajes y números bailaban de forma caótica generándole una terrible sensación de angustia. Quizás, si conseguía información actual Irons le creería. Sin embargo, controlando al azar algunos vuelos o trenes de su ciudad era altamente improbable que diese con un caso. La única forma era tener acceso simultáneo a las bases de datos de las principales compañías mundiales y poder así controlar en tiempo real la ocupación, las bajas y los porcentajes finales. Respiró hondo y suspiró sabiendo que no tenía forma de hacer aquello. No podía evitar pensar en la de vidas que se salvarían. Se sentó en la cafetería de la universidad pensativo, cabizbajo.

-¿Se puede saber que mosca te ha picado? Preguntó Sack mientras se sentaba frente a él.-Pareces un alma en pena.

Aron no dudo en compartir su teoría con su compañero.

-¡Joder! Si eso es cierto vaya marrón. Y ¿qué piensas hacer? Preguntó Sack completamente impactado por aquella teoría.
-Nada. Respondió Aron abatido
-¿Nada? Replicó Sack no dando crédito a sus oídos.
-¿Cómo voy a entrar en las bases de datos de estas compañías? Añadió con voz apagada.

Sack le miró con una ligera sonrisa en su rostro.

-¡Qué pronto te das por vencido! Creo que conozco a alguien capaz de eso y de mucho más.

Aron levantó la vista y abrió los ojos de par en par, dispuesto a escuchar propuestas.

-¿Conoces a Linda Nieven?
-¿Linda…Nieven?, ¿Es esa chica rarita que se sienta siempre delante y no habla con nadie?
-Efectivamente. Es rara pero un crack en temas informáticos. Me apuesto lo que quieras a que es capaz de entrar en las bases de datos de quien tú quieras sin problemas.

Aron sonrió emocionado.

-Sí, sí,..sí, ya hablo con ella. Respondió Sack viendo la cara de su amigo.


Linda les miraba completamente alucinada, incrédula.

-¿Esto es un broma no? Respondió tras escuchar todo lo que Aron le estaba contando.
-No. Es pura matemática y por tanto, una de las cosas más rigurosas y contrastables de este mundo. Respondió Aron con tono sobrio y casi académico.

Linda observaba dubitativa.

-¿Y tú qué opinas? Preguntó mirando a Sack, cuya opinión parecía merecerle mayor respeto.
-Yo sólo sé que Aron es el tío que más domina el tema estadístico de esta facultad y tú la única persona capaz de ayudarle.
-Está bien, pero seré yo la que controle el acceso y la información.
-Sin problemas. Respondió Aron entusiasmado con las expectativas.

Era martes por la noche cuando tras tres días de trabajo y pruebas, Linda logró entrar en las bases de datos de prácticamente todas las compañías. Ahora le tocaba a Aron establecer qué tipo de información había que extraer, con qué frecuencia y con qué había que compararlo. Luego Linda crearía un programa informático que aunase todo ello y les diese la respuesta deseada.

-Creo que ya lo tenemos. Dijo Linda tras varios días de programación sin descanso.
-¿Podemos hacer alguna prueba con algún suceso pasado relevante? Preguntó Aron
-Siempre y cuando no hayan reseteado la información de sus sistemas…
-De acuerdo, vamos allá. 5 de noviembre de 2010. El vuelo chárter 833 de Aerocaribbean que hacía la ruta Santiago de Cuba y La Habana.
-A ver…introduzco los datos y….¡Bingo!. El vuelo iba un 15% más vacío de lo habitual.
-¡Funciona!
-Sí, ahora solo hay que espera un caso inverso, es decir, que la máquina nos avise de que la tasa de desocupación de un transporte supera en un 15% o más lo habitual.
-Pueden ser días, meses…
-O incluso años. Añadió Sack un tanto escéptico.
-Desgraciadamente es extraño que a lo largo de un año no ocurra ningún incidente aunque sea menor. Puntualizó Aron.
-En cualquier caso me sincronizaré el móvil con las alertas del programa. Así si se da el caso podremos reaccionar al momento. Respondió Linda.

Pasaron los días y cuando todos ellos habían casi olvidado el tema, el móvil de Linda dio un aviso.

-¡El vuelo de las 14:30 de la tarde de Air France que sale de Paris con destino a Londres cumple la estadística! Avisó Linda sabiendo que tenían muy poco tiempo de reacción
-¿Cómo lo evitamos? Preguntó Sack.
-¿Quién ha dicho nada de evitarlo? Primero habrá que demostrar la hipótesis. Respondió Aron.
-¿Cómo? Dijo Linda.
-No podemos generar una alarma hasta saber con certeza que el sistema no falla.
-Tiene lógica pero si pasa, ¿Cómo crees que vamos a sentirnos? Preguntó Linda.
-Mal, pero será peor si avisamos y no pasa. Podrían hasta detenernos por falso aviso.
-En eso tiene razón. Apuntó Sack.
- Esta vez nos limitaremos a ser meros observadores.

La noticia no se hizo esperar.

“ El vuelo 6534 de Air France con destino a Londres se ha estrellado esta tarde en las costas de Brighton por causas desconocidas. Las autoridades portuarias junto con los servicios de rescate están tratando de rescatar a los posibles supervivientes así como la caja negra.”

-¡Dios mío! Exclamó Linda horrorizada.
-¡Funciona! Dijo Aron emocionado.
-¿Y ahora qué? Preguntó Sack angustiado por la responsabilidad que se les venía encima. Aquello le sonaba a jugar a ser Dios y algo en su interior le decía que no era correcto.
-Ahora vamos a evitar que mueran más personas. Dijo Aron con cierta soberbia.
-¿Cómo detendremos los vuelos? Preguntó Sack.
-Interfiriendo la emisora de la torre de control oportuna. Dijo Linda con una seguridad aplastante.- Es más fácil de lo que parece.
-Explícate. Dijo Aron que desconocía por completo el modo de hacer aquello.
-Es tan sencillo como localizar la frecuencia y el canal que usa comandancia aérea o ferroviaria en los distintos países y tenerlo sintonizado a priori en distintos canales de una radio. Nada que no pueda hacer.

Pasaron casi cuatro meses hasta que el sistema detectó, nuevamente, una alteración estadística notable. Linda corrió por los pasillos hasta el aula magna, donde se encontraban sus compañeros.

-¡Ha vuelto a pasar!
-¿Compañía?, ¿Hora?
-Delta airlines, vuelo 1175 desde Nueva York (JFK) a Amsterdam. Sale en diez minutos, un cuarto de hora a lo sumo.
-Canal 24. Respondió Sack tras comprobar en su móvil el listado de emisoras.
-¡Al coche, rápido! Gritó Aron.

Una vez allí Linda sintonizó la emisora y Aron tomó el micrófono.

- Aborten vuelo 1175 debido a problemas mecánicos. Dijo Aron con voz firme y segura.
-Comandante Spencer al habla. Se oyó en respuesta a su mensaje.- Procedemos al desembarque del pasaje.
-Perfecto. Respondió Aron sin dudarlo.

Sabía que tarde o temprano alguien detectaría el falso aviso, pero el vuelo quedaría suspendido o retrasado al perder el slot correspondiente y la tripulación tampoco sería la misma. Si variaba las condiciones el supuesto no sería el mismo y las probabilidades serían también diferentes. Efectivamente, durante aquel día no hubo ningún tipo de incidencia aérea. Los tres se sintieron felices por haber evitado una catástrofe.

Un mes más tarde, en febrero, a la misma hora que la vez anterior, saltaron cinco avisos de forma simultánea.

-¿Cómo es posible? Exclamó Aron. –Es estadísticamente improbable.
-¿Cómo vamos a cubrir esto? Preguntó Linda- Como mucho nos da tiempo a dos o tres avisos.
-Está bien, veamos que somos capaces de hacer. Dijo Sack.

Dieron el aviso a dos de los cinco vuelos pero hubo tres, que no pudieron detener, tres que irremediablemente terminaron estrellándose. Aunque sabían que habían hecho todo lo posible, no pudieron evitar sentirse culpables. Al día siguiente la casualidad de que esos cinco vuelos coincidieran fue el principal tema de conversación. Aunque aquello era estadísticamente improbable y difícilmente iba a repetirse, no podían evitar sentirse mal. Afortunadamente, la frecuencia de este tipo de hechos no era demasiado alta y el tiempo les ayudaría a relativizar sus sentimientos. Sin embargo, Aron optó por instalar otro emisor en su coche. Si hubiesen tenido dos radios, eso no hubiese ocurrido.

Debían ser las 11:30 del viernes 5 de abril cuando nuevamente el teléfono de Linda volvió a enloquecer.

-¡Dios! Exclamó Linda con la expresión desencajada.-Diez avisos
-¿Diez? Preguntó Sack horrorizado.
-Sí, hay de avión y de tren. Añadió Linda
-Esto rompe cualquier estadística; está pasando algo que no es normal. Dijo Aron pensativo.
-¡Hagamos lo que podamos, luego ya haremos cábalas! Exclamó Linda

El día llegó a su fin y tres aviones y un tren jamás llegaron a su destino. Aron sabía que algo andaba mal. La prensa ya había titulado la noticia de forma alarmista:

“Viernes negro” Dictaba la cabecera del New York times.
“Catástrofe aérea y terrestre sin precedentes” Enunciaba Le Figaro.
“La seguridad de las compañías aéreas y Ferroviarias en tela de juicio” Se podía leer en El mundo.

Aquella noche apenas pudo pegar ojo. Al día siguiente Aron fue a hablar con el profesor Irons. Quizás él hallase alguna lógica estadística a la cuestión.

-¿Y dices que fueron diez avisos? Preguntó Irons que todavía no salía de su asombro.
-Sí, diez. Sólo pudimos detener a seis.

Irons tomó un papel y anotó las cifras a modo de chuleta.

Enero : Mes 1) vuelo 1175….anulado
Febrero: Mes 2) 5 vuelos……..se anulan dos
Abril: Mes 4) 10 vuelos……se anulan seis

-¡Esto es una serie! Exclamó sorprendido.- ¿No lo ves?
-¿Cómo? Preguntó Aron
- Fíjate. Dijo apuntando con el bolígrafo sobre la hoja. El fenómeno duplica sistemáticamente el tiempo y por cada vuelo que anulas se generan 5 más.
-¡Es cierto!, ¿Cómo no lo he visto antes?
-Quizás estabas demasiado metido como para ser objetivo. Apuntó Iron. - El único problema es que si no me equivoco, en agosto habrán treinta avisos y viendo la progresión no creo que debas intervenir.
-Pero… ¿cómo vamos a dejar que ocurran treinta accidentes?

Ambos se miraron completamente desarmados. Hiciesen lo que hiciesen, el resultado iba a ser una tragedia de magnitudes sin precedentes. Parecía como si la muerte se estuviese cobrando una deuda con intereses. Si no lo detenían, el número de víctimas podía ascender a más de 10.000 personas y si lo hacían, esa cifra iba a ir creciendo exponencialmente.

-Aunque…Iron parecía pensativo.- Si la progresión temporal es correcta llegará un momento que el suceso tardará muchos años en reproducirse y quizás, con los recursos adecuados, pueda ser controlable.
-Entiendo. Respondió Aron tratando de anotar en un papel la progresión

Mes 1) vuelo 1175….anulado
Mes 2) 5 vuelos……..se anulan dos
Mes 4) 10 vuelos……se anulan seis
Mes 8) 30 vuelos…..se anulan todos
Mes 16) 150 vuelos…..se anulan todos
Mes 32) 750 vuelos…..se anulan todos
Mes 64) 3750 vuelos…se anulan todos
Mes 128) 18750 vuelos….

Ambos miraron la progresión con desánimo. Aunque era cierto que había un avance temporal notable la progresión de vuelos era por mucho superior y claramente inabarcable.

-Me temo que hay que dejar que ocurra. Respondió Irons.

Pasaron cuatro meses y Aron, Linda y Sack sabían que ese era el día en que el mundo iba a vivir una serie de catástrofes sin precedente alguno. Las horas avanzaban lentamente cuando el móvil de Linda empezó a sonar insistentemente. Sabían que no podían, que no debían hacer nada. De pronto sonó el teléfono de Aron.

-Hola cariño. Dijo su madre desde el otro lado.
-Hola mamá. ¿Qué tal por Brasil? Respondió Aron tratando de evadirse del drama que estaba por acontecer.
-Bien, muy bien, pero hemos decidido adelantar nuestra vuelta. La verdad es que tanto papá como yo os echamos mucho de menos.
-¿Adelantar? Preguntó Aron algo intranquilo.
-Sí, estamos embarcando y esta noche estaremos ahí.
-¿Cómo?, ¿En qué vuelo?, ¿A qué hora? Respondió de forma nerviosa, casi histérica.
-Pues ahora mismo. Pero… ¿se puede saber qué te pasa?
-¡Mamá, bajad de ese avión! Exclamó presa del pánico.
-Cariño, voy a cerrar el móvil, están cerrando puertas y la azafata me está haciendo señales para que lo apague. Cuando llegue a casa me cuentas. Respondió su madre apagando el móvil sin prestarle atención.
-¡¡¡Mamá!!! Chilló el desesperado.


El destino es algo incierto, algo que difícilmente podemos controlar. Los científicos y gobiernos de todo el planeta realizan miles de experimentos a diario con el fin de intentar controlar el mundo en un intento fútil por jugar a ser Dios. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, lo podría ocurrir si un día alguien lo consiguiese.
viernes 3 de febrero de 2012 | By: Laura Falcó

Iván

Era viernes por la noche y llovía. Vanessa llegó a casa calada hasta los huesos.

-Creo que hoy nos quedaremos aquí. Le dije viendo que la noche era sumamente desapacible.
-¿Iván no está? Preguntó ella viendo que mi compañero de piso no estaba en el salón.

Iván era un chico de origen Ruso que llevaba trabajando en España hacia casi dos años. A mí me hacía falta alguien que me ayudase con los gastos de la casa y el buscaba un piso no muy caro para compartir.

-No, ha quedado con un cliente para cenar. Respondí mientras la tomaba de la cintura para darle un beso.
-¿Pedimos una pizza? Me dijo ella tratando de evitar el tener que cocinar.
-Perfecto.

Nos pusimos cómodos y, tumbados en el sofá, esperamos que llegara la comida y los refrescos que habíamos pedido. De pronto, Vanessa se incorporó algo sobresaltada.

-Carlos, ¿no decías que Iván tenía una cena? Preguntó alargando el cuello tratando de ver la puerta de entrada.
-Sí claro. Respondí yo sin dudarlo.
-Juraría que acaba de entrar en casa y ha ido hacia la cocina.
-¿Iván? Pregunté en voz alta.

Nadie respondió.

-Aquí no hay nadie, lo habrás soñado. Agregué mirando a Vanessa con cierta sorna.
-Al final de la semana estoy tan cansada que todo es posible. Respondió ella volviéndose a tumbar.

No habían pasado ni dos minutos desde aquella afirmación cuando de pronto vi a alguien cruzar desde la cocina al baño que hay enfrente. Extrañado me incorporé y nuevamente repetí:

-¿Iván?
-Sí, estoy aquí. Respondió con voz tenue.
-Ves como tenía razón. Me increpó Vanessa.
-¿Cómo que has llegado tan temprano? Pregunté extrañado por la hora.
-Un imprevisto. Dijo nuevamente con un tono de voz que sonaba algo así como lejano.

Preocupado me acerqué al baño y golpee suavemente la puerta.

-¿Te encuentras bien?
-Sí, solo algo mareado. Respondió desde el otro lado.

Regresé al sofá junto a Vanessa y al cabo de breves instantes sonó el interfono. La pizza había llegado.

-Iván, ¿Tú has cenado? Pregunté mientras acudía a la entrada para abrir al de las pizzas.
-Tranquilo, no tengo hambre. Respondió el nuevamente desde el baño.

Abrí la puerta, cogí las pizzas y regresé junto a Vanessa al sofá.

-¿Se encuentra bien? Preguntó Vanessa viendo el rato que Iván llevaba en el baño.
-Eso dice. Respondí yo mientras me cortaba una porción de pizza.

Pasaron algunos minutos pero Iván seguía sin salir del baño.

-Quizás deberías ir y preguntarle de nuevo si se encuentra bien. Dijo Vanessa extrañada por el tiempo que llevaba ahí dentro.

Me levanté y me acerqué a la puerta.

-Iván. ¿Va todo bien ahí dentro?

Un silencio absoluto, inquietante reinaba en el baño.

-¿Iván? Volví a preguntar preocupado.
-Algo no va bien. Respondió el con voz angustiada.
-¿Qué ocurre? Pregunté yo tratando de abrir la puerta.
-No lo sé, me siento muy raro. Respondió él con un hilo de voz.

Alarmada Vanessa se acercó también hasta la puerta del baño.

-¡Abre! Grité nervioso temiendo que le hubiese dado un infarto o algo similar.

Pero al otro lado parecía haberse hecho el silencio, el vacío. Ambos nos miramos temiendo lo peor.

-¡Voy a tirar la puerta abajo, apártate! Chillé bastante alterado.

Retrocedí y tras coger carrerilla golpeé la puerta con todas mis fuerzas. Una, dos, tres,…hasta cuatro veces fueron necesarias para que aquella maldita puerta cediese.

-Pero…Dijo Vanessa sorprendida al ver que dentro del baño no había nadie.
-¡¿Iván?! Dije yo buscando tras la cortina de la bañera.

Allí no había ni un alma. Nos miramos atónitos sin alcanzar a comprender lo que estaba pasando, cuando de pronto sonó el teléfono.

-¿Carlos Álvarez? Preguntó una voz de hombre al otro lado.
-Sí, soy yo. Respondí
-Verá…, mi nombre es Antón Guerrero y soy de la guardia civil y le llamo para informarle que ha habido un terrible accidente de tráfico.
-¿Cómo? Dije yo desconcertado.
-Su compañero de piso, Iván Revenga…siento comunicarle que ha muerto.