viernes, 16 de enero de 2009 | By: Laura Falcó

La tarotista


Llevaba casi toda su vida tirando las cartas. Aprendió de niña, cuando vio por primera vez un tarot en la casa de la tía Aurora. Además, algo dentro de ella siempre le decía que tenía un intuición fuera de lo habitual. Muchas veces era capaz de saber cosas del futuro de los demás y, el tarot la había ayudado a canalizar aquella información.

Como casi toda la gente del instituto, Clara cursó una carrera superior. Se licenció en Económicas y, como la situación del mercado laboral no era la mejor, se vio momentáneamente avocada a ganarse la vida con el tarot. Empezó trabajando por cuenta ajena para un número 800 pero, al cabo de un tiempo, decidió montarse como autónoma. Al principio, tan sólo atendía llamadas telefónicas pero, con el tiempo, se percató de que las consultas personales le reportaban una ganancia mayor. No tardó mucho tiempo en generar una gran clientela y su nombre empezó a ser conocido en los círculos más selectos. Llegó un momento que hasta la policía empezó a pedirle ayuda en algunos casos complejos. Sabían que Clara era capaz de ver cosas que se escapaban al sentido común, pero que rara vez se equivocaba. Su lista de espera empezaba a ser notable y sus clientes eran cada vez más famosos. Fue una de aquellas tardes en la que una consulta cambiaría su vida para siempre.

Era pleno mes de diciembre y los arreglos navideños decoraban ya las calles de la ciudad. El frío era intenso y aunque aquel jueves no nevaba, el suelo estaba completamente blanco debido a las nevadas de los días anteriores. Llamaron a la puerta y Clara abrió. Un hombre de apariencia extraña acompañado por una mujer mayor entraron en la casa. Cada vez que abría la puerta de la calle, una ráfaga de viento helado se colaba en el salón. Afortunadamente, el efecto era corto y las brasas del hogar conseguían caldear el ambiente en poco tiempo. Sin embargo, aquella vez no fue así. El frío polar que había entrado por la puerta parecía no remitir de ninguna manera y un extraño olor a podrido invadió la estancia. Era un hombre alto y moreno, de tez oscura y ojos penetrantes envuelto en una larga capa negra. A su lado, una mujer enjuta y bastante mayor guiaba sus pasos. Se sentó sin mediar palabra y sin sacarse el abrigo. El hombre se esforzaba por ocultar su rostro tras la capucha de la capa y una enorme bufanda oscura que envolvía todo su cuello. La mujer miró a Clara y con voz temblorosa dijo:

- Esta visita es en nombre de Guillomard Brieux, el hombre que me acompaña. Por motivos que de momento no le puedo revelar hablaré yo en su nombre.

Clara se limitó a asentir con la cabeza.

- Hace exactamente seis meses, mi cliente se vio expuesto a un extraño ritual tras el cual, cayó enfermo víctima de una especie de catalepsia que le tuvo postrado en estado inconsciente, casi de muerte clínica durante algo más de un mes.
- Comprendo
- No, usted aún no comprende nada. Desde entonces Guillomard perdió prácticamente el habla, le cuesta mucho recordar quien es y su aspecto físico empezó a deteriorarse. Por las noches no consigue dormir y, cada día que pasa, su estado mental y físico empeora.
- ¿Y yo que tengo que ver en esto?
- A usted le toca averiguar quién y por qué le hizo esto a mi cliente y, lo más importante, cómo acabar con este calvario.
- Pero...yo...
- Sabemos por la policía que es usted la mejor.
- ¿La mejor? Creo que se equivocan de persona, Yo soy tarotista, vidente...no soy del CSI ni nada parecido.
- Lo sabemos. Pero dado el tipo de caso que nos ocupa y su más que merecida fama, creemos que es usted la persona idónea.
- Me temo...

Sin mediar más palabra, aquella mujer puso sobre la mesa un gran fajo de billetes de 100 Euros. Clara no había visto tanto dinero junto en su vida.

- Está bien, veremos que dicen las cartas. Dígale a su cliente que baraje el mazo.

Mientras aquel extraño personaje barajaba, Clara no podía evitar pensar que aquella no era una buena idea. Algo dentro de su ser le decía que el camino que iba a empezar era muy peligroso. Cuando Guillomard acabó de barajar Clara empezó su trabajo.

- El loco, la torre, el as de espadas, más espadas, el diablo,...ufffff
- ¿Qué ve?
- Destrucción, venganza, miedo, fuerzas de otro mundo, venenos...

Clara estaba asustada. No recordaba una tirada de cartas tan intensa y negativa.

- Siga por favor.
- El tres de oros y los amantes, la reina de corazones,...la muerte.
- ¿Qué significa eso?
- Veo un pago, tres personas contándole a él involucradas en la acción, una mujer de mediana edad, rubia, una venganza amorosa, despecho, celos, asesinato encubierto...

Guillomard soltó un alarido y se llevó las manos a la cara en un claro gesto de desesperación. Se inclino ligeramente hacia aquella mujer y escribió algo en una pequeña libreta roja.

- El Sr Brieux cree saber quien es esa mujer y el motivo de todo lo sucedido. Ahora sólo queda saber qué le pasa y como solucionarlo.
- Pero...esto no va a funcionar así.
- ¿Cómo?
- Para saber qué le pasa necesito que me cuenten todo. Sino es como ir encontrando agujas en un pajar y no saber para qué sirven o de dónde vienen.
- Comprendo. Está bien, le contaré lo que hasta la fecha sabemos.
- Adelante, estoy impaciente.
- Hace seis meses, Guillomard Brieux se fue de supuesto viaje de negocios a Haiti con una mujer que no era su esposa. Hacia el final de la estancia, ambos asistieron a un ritual zombie; algo típico de la zona. Durante ese ritual, un hombre nativo se acercó a él y, abriendo la palma de su mano, sopló sobre su rostro alguna extraña sustancia que le hizo enfermar rápidamente.
- ¿Y?
- La mujer rubia es sin lugar a dudas su ex mujer. Cuando Guillomard volvió del viaje ella le pidió el divorcio. Llevaba tiempo sospechando que su marido le era infiel.
- Comprendo. ¿Y qué creen que era el polvo que le arrojaron encima?
- Probablemente polvo zombie.
- ¿Polvo qué? No me diga que creen en ese tipo de...eso no puede ser real...
- A usted le pagamos para investigar y no para opinar. De todos modos, no desestime a los brujos y chamanes de esa zona. Conocen y tienen acceso a productos naturales que son la base de muchos medicamentos y venenos.
- ¿Y ahora? ¿Qué se supone que debo hacer?
- Queremos saber todo sobre zombies y cómo acabar con ese estado. Tiene usted una semana para investigar y darnos respuestas.
- Entiendo.
- El próximo viernes a esta misma hora estaremos aquí
- De acuerdo.

Al día siguiente Clara pasó toda la mañana entre antiguos libros de brujería, rituales y similares. Después de varias horas dio con un texto bastante revelador.

“Muchas de las personas que ha vivido para contarlo relatan experiencias coincidentes: de pronto enferman y perfectamente conscientes sienten que su cuerpo comienza a helarse hasta quedar completamente inmóvil, con el corazón paralizado. El efecto es similar a la catalepsia y, dependiendo de la cantidad de “polvo zombie” aspirado su efecto será mayor o menor.
Lo más aterrador de esta experiencia es el haber escuchado, sin poder hacer nada para demostrar lo contrario, la voz del médico que anunciaba su muerte y firmaba el acta de defunción mientras les cubrían la cabeza con una sábana. En el cementerio, asimismo, oían los lamentos de la gente y el ruido de la tierra que cubría el ataúd. El siguiente recuerdo es que estaban de pie junto a la tumba en un estado semejante al trance. Uno de los efectos de las drogas que utilizan los brujos practicantes del Vudú es aparentar la muerte a la perfección.
Las víctimas pasan por este período de inconsciencia que termina cuando son sacadas de su sepulcro. Cuando el hechicero profana la tumba del "muerto" después del sepelio, le da otro brebaje para sacarlo de su catatonia, aunque la víctima ya jamás será la misma, pues queda reducida al nivel mental de una persona parcialmente lobotomizada, es decir, de alguien a quien le han extirpado parte del cerebro. Esto último debido a la privación de oxígeno que sufre este órgano a consecuencia del ambiente cerrado del ataúd. Además, su sistema locomotor también se ve seriamente dañado.
El polvo zombi, en realidad, es un compuesto elaborado a partir de un sin fin de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afroamericana. Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos, y otros ingredientes no menos pintorescos, forman parte de ese polvo zombi, cuyo principal elemento radica en la tetradotoxina contenida en el Pez-globo.
En sus principios, la principal finalidad de convertir a alguien en zombie era la esclavización de esa persona pero en la actualidad el principal móvil suele ser la venganza.
El zombie posee la capacidad de contagiar su condición a través de la sangre por lo que es altamente peligroso el contacto con heridas o mucosas. La única forma de acabar con un zombie es disparle en mitad de la frente y posteriormente seccionar el cuerpo en varios trozos. “

Aquello parecía sacado de una novela barata de ciencia ficción, pensó. Pero quien paga manda. Probablemente, aquel hombre debió aspirar una cantidad moderada del polvo, cantidad que le dejó casi al borde de la muerte pero no lo suficientemente grande como para darle por muerto. Si hubiese sido así, su mujer se habría deshecho de él y heredado todo sin que nadie sospechase de ella. Buscó en otros libros y halló textos parecido, fotos de supuestos zombies y de rituales. Tras recopilar un buen fajo de información realizó un informe que resumiera todas sus pesquisas. Después, puso el informe dentro de un sobre y espero al siguiente viernes.

Ese viernes la visita no se hizo esperar. Sonó la puerta y era él, pero esta vez venía solo. Clara abrió la puerta no sin un cierto recelo.

- Buenos días.

El hombre asintió con la cabeza.

Clara le dio el sobre con la información para que el mismo la leyera. Aquel hombre agarró el sobre y sacó el papel a toda prisa. Leyó de forma voraz mientras de aquellos maltrechos ojos afloraban un sin fin de lágrimas.

- Necesita más información sobre algo? Pregunto Clara al ver que Guillomard había terminado de leer aquello.

De pronto, aquel hombre sacó su cuaderno y escribió en él de forma agitada. Luego acercó el cuaderno a Clara.

- ¿Que quiere otra cosa?

El hombre volvió a escribir en aquel cuaderno y nuevamente se lo acercó a Clara. Clara leyó para sí: “Necesito que alguien me ayude a acabar con tan mísera existencia.”

- A ver...esto se está saliendo de madre. Yo ni soy investigadora, ni entiendo de muertos vivientes, ni nada de nada. Dijo Clara especialmente alterada.

El hombre volvió a escribir por tercera vez y Clara leyó la nota esta vez en voz alta.

- “Mis bienes ascienden a una auténtica fortuna, fortuna que sería suya si usted..”.¡No!, ¡He dicho que no! ¡Usted no puede entrar aquí y pedirme eso!, ¡Salga de mi casa ahora mismo!

Ciertamente nervioso aquel extraño ser escribió una nueva nota sobre el papel. Clara volvió a leerla en voz alta.

- “Lo puede hacer por las buenas o por las malas. Puede heredar una fortuna o convertirse en un zombie más...”¿Qué mierda está diciendo?

Por última vez, Guillomard agarró la libreta y escribió. Clara la tomó en sus manos y con voz entrecortada leyó lo que estaba escrito en ella.

- Nada que no ponga en su informe. ¿Recuerda el apartado del contagio? En este sobre que le adjunto está la llave y dirección de una caja de seguridad en cuyo interior hay más de 600.000 Euros. Sólo tiene que matarme y todo será suyo. Piénselo, nadie sospechará de usted, no hay ninguna relación entre usted y yo.

Clara era incapaz de pensar. Aquello no podía estarle pasando. O se convertía en una asesina o acababa sus días como un zombie. El hombre abrió el abrigo y sacó de debajo del mismo un hacha y una pistola del bolsillo interior. Un hedor insoportable llenó la instancia. Con un gesto claro y contundente le ofreció ambas cosas a Clara. En ese instante, Clara se dio cuenta de que él ya sabía que lo suyo no tenía remedio y tan sólo buscaba a alguien que le ayudase a morir.

Hace dos años desde que Guillomard Brieux irrumpió en la vida de Clara. Hace casi dos años que Clara fue ingresada en una unidad especial de un hospital del ejercito, víctima de una afección desconocida para la ciencia médica actual. Clara, está médicamente muerta y en un avanzado estado de descomposición pero, las actuales leyes sobre eutanasia, no permiten que ninguna intervención humana acabe con su mísera existencia.

4 comentarios:

Mado Martínez dijo...

Un punto para este, que me ha encantado. A ver si vuelvo por tu blog, y sigo leyendo más :)

kethera.salem@gmail.com dijo...

Buenas noches Laura.
Me parece un relato interesantisimo, sobre todo por que lo que cuentas, en muchos casos es real.

Las tarotistas se exponen a miles de invonvenientes cuando atienden al cliente.
Sobre todo, por que en este mucho espiritual a el que sabe y ayuda a los demas, le persiguen los demonios, para que deje de hacer su mision.

Laura Falcó dijo...

Hola Salem,

Qué razón tienes!! Bueno, como siempre.

Besos

Peter Mathius dijo...

Vaya Tela... Le Traspasó "El Marronazo", no hay que jugar nunca con cosas del Vudú, todo lo referente al mismo es "Muy Poderoso", y hay que tenerle "Gran Respeto". Inquietante História Láura, me Impactó.-

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