martes, 20 de abril de 2010 | By: Laura Falcó

Esfinge

Llevaba toda su vida estudiando sobre la existencia y la localización de Agartha. Según la teoría de Earlyne Chaney, hace eras, almas muy avanzadas vinieron a la Tierra desde otros planetas. Eran los Anunnaki y a su descendencia en la Tierra se les llamó los Annu. Ellos trajeron el ‘arca de la alianza’ que fue usado como arma y como un mecanismo para el control de la gravedad. Los Anunnaki y los Annu ayudaron a construir las grandes civilizaciones de la Atlántida y Lemuria y, cuando los Anunnaki se marcharon, dejaron a la Tierra en manos de los Annu. El tiempo pasó y la Atlántida empezó a ser tomada por la Hermandad Oscura y los Annu, al darse cuenta que la destrucción de la Atlántida se acercaba, huyeron a otros países, especialmente a Egipto. Ayudaron a construir las pirámides y también usaron las arcas para perforar bajo tierra, construyendo túneles y ciudades subterráneas. Cuando el diluvio y el cambio de los polos estaban a punto de demoler la Atlántida y Lemuria, los Annu entraron en sus ciudades del interior a través de la Gran Pirámide. Después, sellaron la pirámide impidiendo a los humanos descubrir sus pasajes subterráneos y manteniendo fuera las aguas. Las entradas hacia las galerías que llevan a Agartha están ocultas y se encuentran en lugares estratégicos y aislados para impedir el acceso a los "curiosos" o visitantes externos. Muchas se encuentran escondidas debajo de las aguas de los océanos, lagos, o en pendientes de alta montaña. Habría algunas también en la selva de Brasil, en Siberia, o en el Desierto de Gobi. De hecho, una entrada aún virgen se encontraría a pocos metros de profundidad entre las piernas de la Esfinge de Giza en Egipto.


Aquella iba a ser la primera ocasión en la historia en que una expedición científica, con arqueólogos y espeleólogos de primer nivel, salía en busca de Agartha. ¿Mito, leyenda, realidad? Era una pregunta que durante muchos años había llevado a Víctor y a gran parte de sus colegas de cabeza. Les había costado más de cinco años convencer al gobierno británico de que subvencionara aquella aventura. Antes de partir, estuvieron varios días valorando cuál de las múltiples supuestas entradas era la más idónea para empezar su odisea.

Sur de la Cuchilla Grande, Uruguay
Polo Norte
Polo Sur
Mammoth Cave, Kentucky, EUA
Cataratas del Iguazú, Argentina
Monte Epomeo, Italia
Cueva de los Tayos o en la Gruta de la Paz de Ecuador
Cordillera del Yvytu Turusu, Guaira, Paraguay
Gruta de guagapo, Tarma, Peru
Tula, Zona Maya
La Pirámide del Sol en México
Esfinge de Giza en Egipto
La selva de Brasil
Siberia
El Desierto de Gobi.

De todas ellas había diez que, por lo poco concreto de su localización, fueron descartadas en primera instancia. Del resto, las prioridades se establecieron sobre la base de la proximidad. Por ese motivo decidieron empezar por Egipto.

-¿Alguien ha cursado una instancia al gobierno del Cairo pidiendo permiso para realizar excavaciones. Preguntó Jefrey, el más veterano del grupo.
-Bueno, digamos que el permiso es para tareas arqueológicas de restauración, estudio y mantenimiento. A día de hoy es casi imposible que concedan un permiso de excavación. Contestó Robert Hunter. De hecho, cientos de arqueólogos lo han intentado durantes años, sin suerte alguna.
-¿Y entonces? Increpó Víctor
-Habrá que trabajar de noche y cubrir todo durante el día. Añadió Charles Delany.
-Siempre podemos mandarles a Sharon con un conjunto de lencería para distraerlos. Dijo Robert en tono jocoso.
-Muy gracioso Robert. Contestó Sharon mientras archivaba en el portafolios la mayor parte de los documentos que debían llevar.


Allí estaba, frente a ellos. Era la cuarta vez que pisaba Giza pero, como las anteriores, no podía evitar sentir una enorme admiración por aquellas construcciones. Sin embargo, la esfinge tenía sobre él una especie de hechizo, que le retenía hipnotizado durante largos minutos observándola. ¿Y si realmente el acceso a Agatha estuviese ahí mismo? No se le podía ocurrir una ubicación más mágica que aquella. La esfinge siempre había estado sujeta a varias teorías. El Príncipe Faruk, hijo del rey de Egipto, y el arqueólogo John Kinnamam, dijeron haber encontrado puertas que llevaban a túneles y cámaras secretas, donde había una máquina antigravedad y pirámides de cristal. En 1998, un guía turístico llamado Anthony West obtuvo un permiso para hacer investigaciones con radar y concluyó que las pirámides y la esfinge tienen más de 10.000 años y que existe una cámara de metal donde se encuentran los tesoros de la Atlántida. También Robert Scoch, el geólogo de la expedición de Hanckock y Beauval, anunció que la esfinge es de la época de la glaciación de hace unos 12000 años y que, bajo ella, se encuentran túneles y un espacio cuadrangular secreto donde se guarda un tesoro. ¿Qué habría de cierto en todo aquello?

Esperaron pacientemente a que anocheciera y, tras asegurarse de que nadie iba a interrumpirlos, empezaron con la excavación. Lentamente y de forma manual para no levantar sospechas, fueron sacando quilos y quilos de arena que, prudentemente fueron llevando a otros enclaves. De día, cubrían el hueco con lonas y planchas metálicas que aparentaban ser la superficie donde estaban trabajando.

-¿Qué crees que vamos a encontrar exactamente? Preguntó Shanon a Víctor.
-Bueno, lo único que sabemos con certeza es que hay algún tipo de receptáculo metálico, pero de ahí a encontrar algo relacionado con la Atlántida, o una entrada a Agartha, va un mundo.
-Hay personajes como Napoleón que afirmaban haber tenido sueños extraños durmiendo cerca de la esfinge, como si intentase desvelarles su secreto.
-¿Crees en esas cosas?
-Bueno, supongo que en cierto modo sí. Si una parte de mí no creyese en estas cosas, no estaría aquí cavando en busca de un túnel que nos transporte a otro mundo.
-No sé que opinaría el profesor Günter si te oyese decir eso.
-¡Método Científico!...¿recuerdas?...jajjaaj. Contestó Sharon acordándose de sus años en la Universidad

Fueron cinco largos días con sus cansadas y extenuantes noches cuando un sonido metálico al cavar les hizo parar en seco. Nerviosos y con el corazón en ascuas, empezaron a retirar la tierra con cuidado. Frente a ellos una enorme plancha metálica empezó a asomar. En algún punto debería haber una entrada y, en otras circunstancias, hubiesen seguido excavando la superficie hasta dar con ella pero con la tesitura actual aquello era inviable.

-Vamos a necesitar sopletes y herramientas adecuadas. Comentó Charles.
-Ya contaba con esto. En el primer camión encontrarás material suficiente. Contestó Víctor.
-¡Menos mal que al menos uno es previsor! Apuntó Hunter.

Aquello iba a ser más delicado sin cabe. La llama de los sopletes podría ser vista a varios kilómetros de distancia y alertar a la autoridad, así que debían trazar un plan.

-Lo mejor en estos casos es ser descarado. Señalo Víctor.
-¿A qué te refieres? Preguntó Shanon.
-A que tapemos todo y encendamos grandes hogueras. De este modo, cuando vengan alertados por la lumbre verán que todo está en orden y que tan sólo son fogatas para calentarnos. Aunque más tarde vuelvan a ver luz, ya no vendrán.
-No está mal pensado. Dijo Jefrey mientras empezaba a tapar la excavación.

Y así lo hicieron. Pasadas tres horas volvían a estar a punto para agujerear aquella placa metálica. Los nervios estaban a flor de piel y la expectación era máxima.

-¡Parece que empieza a ceder! Exclamó Hunter.

Todos asomaron la cabeza con impaciencia. La placa cayó al vacío generando un gran estruendo. La oscuridad en el interior de aquella cavidad era tan espesa que casi se podría haber cortado con un cuchillo. Charles se apresuró a fabricar antorchas con troncos y ropa y tirarlas al interior de aquella oscura cámara.

-Atad el cable al camión, yo descenderé con la linterna. Exclamó Víctor ansioso por ver el interior.

Víctor empezó a descender no sin antes taparse la boca y la nariz con un paño. Sabía que los gases acumulados bajo tierra durante tanto tiempo podían ser mortales. A su paso fue descubriendo infinidad de jeroglíficos y murales. Al fondo, toda suerte de objetos y reliquias le esperaban con paciencia desde hacia unos 10.000 años.

-Esto es impresionante. ¡Tenéis que bajar y verlo!

Uno a uno fueron descendiendo por el cable. Aquella experiencia bien había valido los días de cansancio y excavación. Ahí, apilados, montones de joyas, oro, papiros y toda suerte de objetos decoraban la estancia. Sin embargo, angustiado, Charles reclamó la atención de sus compañeros.

-¡Mirad los nichos de la pared! Los que yacen dentro, no debería estar ahí.

Sorprendidos, todos se acercaron al muro para descubrir los restos de cuatro hombres. A juzgar por sus ropas aquellas personas no pertenecieron al antiguo Egipto, ni tan siquiera a la época de Napoleón. Sus atuendos eran relativamente modernos.

-¿Qué significa esto? Preguntó Hunter
-Esto no me gusta nada. Dijo Sharon asustada por lo extraño de aquel descubrimiento.

De pronto, tras ellos la pared de la cámara se abrió y unos seres de dimensiones por mucho superiores a la de los humanos entraron en la estancia. ¿Serían aquellos seres los gigantes que los egipcios pintaron en sus paredes? Uno de ellos empezó a dar órdenes en un idioma por ellos desconocido. ¿Qué habría tras aquella puerta?, ¿Quiénes eran aquellos seres?, ¿Qué iban a hacer con ellos?


-Alguien no ha hecho bien los deberes. Dijo la voz con acento alemán, al otro lado del teléfono. Ya es la segunda vez en estos últimos diez años que alguien perturba la paz de Agartha.
-Le juro que los teníamos controlados, no tenían permiso para excavar. Exclamó el primer ministro egipcio.
-La próxima vez le van a enterrar a usted con ellos. Dijo aquel hombre con voz ronca y seca. No nos vuelva a fallar.


A la mañana siguiente, no había ni rastro de los científicos, ni de sus camiones, ni de expedición. La esfinge amaneció como otras muchas mañanas imperturbable, sola y rodeada de la arena del desierto de Giza.

5 comentarios:

Marita dijo...

Interesante historia...Giza tiene su encanto y su misterio se mantendrá por siempre....un beso

Jose dijo...

Me gusta sobre todo por la ambientación que le das en tan pocas líneas, pero claro...Egipto colabora a la hora de imaginar misterios y tesoros.
Siendo un poco malo, me alegro del final, que sirva de ejemplo a los expoliadores.
Como siempre, un placer leerte.

Anónimo dijo...

diablo esta historia esta cabrona es una de las mejores q. e leido besoooooossss


att.gabriela:)

jessa dijo...

laura cada dia tus historias me gustan mas !!:)

liz dijo...

esta muy interesante,vacan la forma en que la narras

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