martes, 24 de marzo de 2009 | By: Laura Falcó

Coma

Parada cardio respiratoria, constaba en el informe médico de la ambulancia. Sin embargo, el se sabía vivo. Podía oír y ver todo lo que hablaban a su lado pero, por algún extraño motivo, no sentía nada, no podía ni tan siquiera moverse. Trató en repetidas ocasiones de pestañear, de abrir la boca, de emitir algún sonido; pero nada. Hacía algún tiempo había leído artículos sobre la catalepsia, sobre personas que fueron enterradas vivas. Aquello no le podía estar pasando a él, pensó.

Lo sacaron de la ambulancia y lo transportaron en una camilla hacia el interior del hospital. Varios médicos se acercaron a donde el estaba postrado. Sintió en su pecho el frío del estetoscopio y después, lleno de pavor, observó, desde encima de su cuerpo, como uno de los presentes se acercaba con el desfibrilador. Otra vez no, pensó. Cuando los de la ambulancia le recogieron, ya usaron esa terrible fuente de electricidad sobre su pecho y el dolor fue inmenso. Afortunadamente, uno de los médicos detuvo al que llevaba tan temible artilugio y pronunció la fatídica frase:

- El paciente está en coma, hay que intubarlo.

Esa iba a ser otra experiencia de lo más desagradable. Pasado el shock inicial, le llevaron a lo que iban a ser sus aposentos durante algo más de un mes. Allí esperaba toda la familia, rota por la ansiedad, la incertidumbre y el dolor. Desde el techo de la habitación una parte de el observaba expectante la escena.

Pasaron al menos un par de días antes de que su calvario real comenzase y con él, el descubrimiento de un mundo que hasta la fecha le era completamente ajeno.

- ¿Hola? Sé que puedes oirmmmeee... Dijo una voz femenina con un cierto canturreo.

Frente a el, una nube vaporosa con rostro de mujer le observaba.

- Mira verás, como tu vas a volver podrías hacerme un pequeño favor.
- ¿Perdón?¿Hablas conmigo?
- ¿Con quién sino? ¿Ves algún otro incorpóreo por aquí?
- ¿Incorpóreo? ¡Jesús, que mal suena eso!
- Bueno, al lío... que necesito que le des un recado a mi marido. Aunque bien mirado ya no es mi marido sino mi viudo... jijijijijij. Dijo la mujer muerta de la risa.
- ¿Recado?
- Sí hombre. Mira tu vas a volver a la vida y lo habitual en estos casos es echar un cable a los que nos vamos.
- Ya veo... Dijo Jesús sin salir de su asombro.
- Pues eso, que a ver si le puedes decir al cabrón de mi marido que sé todo lo suyo con la Mari y que por eso cambié mi testamento. Se lo he dejado todo al Lolo, osea a mi ex. No sabes que ganas tengo de verle la cara cuando se lo digas... jijijijij.

Desde el momento en que aceptó ese encargo, la habitación se convirtió en un auténtico ir y venir de incorpóreos. Cada uno tenía un encargo para Jesús, algo que había quedado sin cerrar, algo que no habían podido decir y que deseaban que el transmitiese. Al principio, Jesús escuchó todas las historias pero llegó un momento, que se vio incapaz de acordarse de todas ellas. ¿Cómo iba a encontrar a todos aquellos familiares? ¿Cómo recordaría todos aquellos nombres y encargos? Tras los primeros días Jesús tomó una determinación; sólo iba a cumplir la última voluntad de aquel caso que, a juicio de el y del resto de incorpóreos, mereciesen realmente la pena. Al día siguiente, Jesús comunicó a todos sus visitantes su decisión. Primero, tuvo de aguantar varias quejas de aquellos a los que ya había prometido cumplir con un encargo pero, al final, todos entendieron que era lo más justo. Jesús nombró entonces a cinco encargados de recoger y filtrar los distintos casos. Cada uno de ellos le llevaría tan sólo un finalista y, de entre esos cinco decidirían a cuál premiar.

Pasaron unos días y los cinco encargados cumplieron con su cometido. Cada uno de los encargados expuso su caso.


Adolfo murió ayer de cáncer de páncreas a los setenta y dos años de edad. Llevaba más de veinte años sin hablarse con su hermano por culpa de una herencia. Cuando Adolfo supo de su enfermedad trató de localizarle pero no pudo. Adolfo no quiere irse de este mundo sin hacer las paces con él.

Carmen era viuda y murió hace cinco días de un infarto. Durante mucho años, fue ahorrando para pagar la universidad de su hijo pero no dijo nada a nadie. El dinero se encuentra en una caja de seguridad y nadie conoce su existencia.

Ana tiene treinta y cinco años y ha muerto hace tres días en un accidente de tráfico. Nunca le dijo a su hija de ocho años quien era realmente su padre, ni al padre que tenía una hija. Tras su muerte su hija Carla irá a un orfanato, si alguien no lo impide.

Miguel de cincuenta y ocho años murió hace dos días en un incendio. Cuando tan sólo tenía veintitrés años conoció al amor de su vida y estuvo a punto de casarse con ella. Sin embargo, poco antes de la boda, descubrió que ocho meses antes había dejado embarazada a su anterior novia y se vio obligado a desposarla. Nunca olvidó a Ana.

Andrea de cuarenta y cinco años se suicidó hace ocho días. Hacía pocos meses que había muerto su madre y acababa de perder su trabajo. Andrea atravesaba una depresión. Quiere que su marido sepa que no fue porque le fuera infiel unos meses antes.

Tras pensarlo durante un buen rato Jesús lo tuvo claro. El caso que realmente merecía la pena era el de Ana. No podía permitir que aquella criatura pasase su infancia en un orfanato. Jesús comunicó su decisión a los cinco encargados, con el fin de que recavaran toda la información necesaria para cumplir con aquel encargo. Los encargados dijeron al unísono:

- ¡Que así sea!

Entonces, una voz femenina que le resultó muy familiar dijo desde el fondo de la sala:

- Carla es tu hija, Jesús. Espero que cuando regreses, cuides de ella.

2 comentarios:

Peter Mathius dijo...

Muy Bueno el Desenlace Final, Ja,Ja,Ja,ja, me ha ENCANTADO Láura :D

L.B dijo...

La primera que la lei fue en escalofrios.com, y de alli me fui directamente a tu blog, varios de sus cuentos me han gustado muchisimos.
Saludos.

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