miércoles, 4 de marzo de 2009 | By: Laura Falcó

Lluvia negra


Alejandría, año 2016.

Ellos lo sabían. Llevaban ya mucho tiempo viviendo en la zona y analizando los datos y estos, no engañaban. La profecía fue hallada en la última inmersión que se realizó en las ruinas sumergidas de la ciudad de Alejandría. En ella, grabado sobre pedernal, se podía leer perfectamente cual iba a ser el futuro de aquel continente, o quizás, a lo peor, del mundo entero. Era un documento milenario y por su valor tanto arqueológico como documental había pasado a engrosar los almacenes del Museo del Cairo. Sólo algunos privilegiados fueron capaces de estudiar la pieza en profundidad antes de que la custodiasen. Las profecías históricas en ella contenidas se habían ido cumpliendo hasta la fecha. Lo peor estaba por venir.

El texto dictaba: “Cuando los dioses hartos de injusticias, guerras y odio desaten su furia sobre la tierra, una lluvia negra barrerá todo rastro de vida.” Aquellos que pudieron analizar el documento habían hallado algunos indicadores claros que podían actuar a modo de alertas, de avisos de que se acercaba el final. Para su desgracia, esos indicadores se estaban dando unos tras otros.

“Cuando el hombre de color tome el poder del mundo y siga en él por un segundo mandato, cuando la última mano de Dios en la tierra muera a manos de los hombres, cuando oriente y occidente se declaren abiertamente la guerra y el sol deje de iluminar la tierra por un periodo de más de dos lunas, entonces empezará el fin.”

Desde el 11-S todos supimos que las relaciones oriente y occidente jamás volverían a ser las mismas. De hecho, Bush no dudó en declarar la guerra a Bin Landen y a Al Qaeda; prácticamente lo mismo que declarar la guerra a Oriente medio. Además, cada día surgían nuevos conflictos que, en vez de serenar el ambiente, lo caldeaban aún más.

Después, cuando Barack Obama tomó el poder de los Estados Unidos, a muchos de ellos se les encogió el estómago. De hecho, durante la campaña, no faltaron intentos de desprestigio, financiaciones a otros líderes e incluso planes de asesinato. Pero no sirvió de nada. Los servicios de seguridad habían realizado muy bien su trabajo.

Después vino lo del Papa. La muerte de Joseph Ratzinger y el posterior nombramiento del nuevo pontífice parecía que satisfacía a todo el mundo.

- ¡Muerte natural! Exclamaron llenos de júbilo.

Lo que ninguno de ellos esperaba es que, a los dos meses de la fumata blanca, alguien atentara, con éxito, contra la vida del sucesor.

Ahora sólo quedaban los eclipses y tras ellos el final. Cada vez que se preveía un eclipse, todos los conocedores de la profecía temblaban y rezaban para que, a la mañana siguiente, saliese el sol. Todos menos Adriel. Adriel Kippur estaba convencido de que tenía que haber algo que parase aquello. Seguro que, en su momento, a nadie se le ocurrió mirar aquel texto en busca de soluciones. Bastante les costó descifrar su contenido e identificar “las señales” en el poco tiempo que tuvieron. Adriel era de la opinión que si volvían a revisar el texto, hallarían nuevas respuestas. Le costó más de cinco meses el conseguir todos los permisos necesarios para poder examinar la pieza pero, una vez la tuvo en su poder, la examinó a conciencia. La leyó una vez tras otra, buscó todos los posibles sinónimos en la traducción del hebreo antiguo, consultó a estudiosos de textos bíblicos y proféticos...pero nada. El tiempo apremiaba. El final podía estar a la vuelta de la esquina y Adriel se sentía cada vez más impotente.

Aquella tarde, Adriel llegó a casa derrotado. Su mujer Yasmina y las niñas; Amina y Nahir estaban como cada día esperándole para cenar. Cabizbajo, cenó sin apenas mediar palabra. Luego, como cada noche, Nahir le pidió a su padre que le leyese un cuento antes de ir a dormir. Adriel estaba a punto de descubrir que, la imaginación de una niña de cinco años, puede valer mucho más que todos los científicos del mundo juntos.

- ¿Papis, estás triste?
- Sí un poco cariño.
- ¿Por?
- Porque no consigo averiguar un mensaje oculto que hay en un texto.
- ¿Qué es un texto?
- Bueno, algo así como la página de un cuento.
- ¿Y has probado con juegos de palabras?
- ¿Cómo? Dijo Adriel sin hacerla demasiado caso.
- Verás, con Amina y mamá solemos jugar a esconder palabras en los cuentos.
- ¿Esconder palabras?
- Sí, mamá coge un cuento y con la primera letra de la primera palabra de cada frase forma otras palabras nuevas y luego un mensaje secreto.
- ¡Claro! Exclamó Adriel. ¡Un acróstico!
- ¿Un qué...?
- ¡Te quiero cariño, hasta mañana! Dijo Adriel mientras salía corriendo por el pasillo.

Adriel pasó toda la noche en la sala privada del museo, jugando a las palabras secretas.

A la mañana siguiente, Adriel amaneció dormido sobre el Eben, nombre hebreo con el que se conocía a aquella tabla de piedra. Se incorporó y, revisó todas las notas que había ido tomando la noche anterior. Estaba claro, había una forma de detener aquello. Llevó el Eben a su cofre y se dispuso a visitar a “los alfa”. “Los alfa” era un grupo de estudiosos, arqueólogos en su mayoría, que en algún momento desde el hallazgo de la piedra, habían dedicado un cierto tiempo a su estudio y análisis. Ronen era el que siempre llevaba la voz cantante.

- ¿Dices que has encontrado algo?
- Creo que sí.
- ¿Acrósticos no?
- Más o menos...con ligueras variaciones en las series. No es un acróstico sistemático pero sigue una pauta.
- ¿Y?
- Bien, según mi análisis necesitamos hallar algo, un elemento santo buscado por todas las religiones que hará que, y leo literalmente:

“Los enemigos se rendirán y comulgarán ante la misma iglesia, los hombre de poder olvidarán sus luchas y la fe resurgirá como el ave fénix . Sólo así nacerá la nueva era y el contador volverá a cero.”

- ¿Y cuál se supone que es esa reliquia?
- Las tablas de la ley
- Jajajajjaj...permíteme que me ría.
- Yo no le veo la gracia.
- Adriel. Interrumpió uno de los más ancianos. El ser humano lleva toda la vida buscándolas. ¿Por qué íbamos a encontrarlas de repente?
- Porque en El Eden se explica donde están.
- ¿Qué? Exclamó Ronen
- Lo que oyes.
- ¿Entonces a qué esperamos?
- Por mi...
- ¿A dónde?
- Al castillo de Gisors, a setenta kilómetros de Francia
- ¿Templarios? Preguntó Ronen
- Eso parece. Por las coordenadas que arroja el texto y las palabras que se relacionan, ese es nuestro destino.
- De hecho cuentan que en 1946, un jardinero aseguró haber descubierto un depósito de cofres y sarcófagos bajo un torreón del castillo donde trabajaba. Algunos no vacilaron en pretender que este tesoro era el de los Templarios, muy presentes en la región. Afirmó David.
- Sí y de hecho a raíz de aquello se prohibió todo tipo de excavación en la zona. Apuntó Ezequiel.
- Eso nos va a poner las cosas algo más complicadas. Replicó Ronen.
- ¿Más que el fin del mundo? Preguntó en tono irónico Adriel

Una carcajada general acabó con aquella conversación.

Pasaron allí cerca de tres meses. Excavar de noche y con el riesgo de ser detectados complicaba bastante más la misión pero, el tesón suele tener su justa recompensa.
Aquello estaba plagado de viejos túneles y pasadizos subterráneos. Algunos completamente impracticables y otros en muy mal estado de conservación. Casi al final del tercer mes, Israel dio con lo buscan o al menos con parte de ello. Originalmente, las tablas eran dos tallas de piedra de tamaño medio que se guardaron sabiamente dentro del Arca de la Alianza. Lo que Israel había encontrado era la mitad de una de las tablas. Conen miró a Adriel y preguntó:

- ¿Crees que con esto bastará?
- Tendrá que valer. Me temo que el resto estará hecho añicos.
- Ahora debemos autentificar la pieza y hacerla llegar al mayor número de personas. Nadie debe monopolizar este descubrimiento, no si queremos que sirva a su fin.

Todos asintieron con la cabeza.

El mismo día en que llegaron a Alejandría llevaron la pieza a autentificar. La prueba del carbono 14 dio el resultado que todos esperaban. Tantos años, tantas personas y gobiernos buscando aquella reliquia y de pronto un grupo de estudiosos daban con parte de ella sin más. Aquello parecía un milagro. Ahora quedaba lo más fácil o lo más difícil, depende de cómo se mirara. David sugirió que, con el fin de no monopolizar bajo un gobierno el hallazgo, convocasen a los medios y aprovechasen la tesitura para hacer público no sólo el hallazgo, sino también la razón de su búsqueda. Parecía una buena ocasión para concienciar a la humanidad del futuro inmediato y hacerles rectificar.
Al día siguiente, Ezequiel se encargó de convocar a la prensa para el día después por la mañana. El acto iba a ser de gran cobertura y por tanto, necesitaban un local con bastante capacidad. Ezquiel se hizo también, cargo de ello.

Aquella noche, algo imprevisto rompió todos sus planes. “Los alfa” se acostaron con una noticia que ninguno de ellos esperaba:

“Los astrónomos de Cabo Kennedy han informado de que mañana y pasado se va a dar un fenómeno atmosférico atípico. Se trata de un eclipse doble, es decir, que no veremos la luz del sol durante algo más de cuarenta y ocho horas. Es un fenómeno que ocurre una vez cada 65 millones de años y que las civilizaciones antiguas, dado lo atípico del mismo, asociaban con el fin de tiempos. De hecho, el precedente más próximo coincide casualmente, con la desaparición de los dinosaurios.”

4 comentarios:

Santi (aka Dianekes) dijo...

El final del relato me ha parecido un poco precipitado, como si hubieras tenido prisa por acabarlo. No te ofendas, es en plan constructivo.

Santi

Jonathan dijo...

Muy bueno. Hubiese sido un toque excelente que lo hubieras empezado con la fecha del 2012 en vez del 2016. Me gusto mucho.

Emilio Hidalgo dijo...

Estupendo, pero supongo que sabrá (no me siento con autoridad a tutearla) que la agotada fuente de ideas del cine puede coger un relato como este y convertirlo en un mega-film con poca humanidad, pero muchos dólares en el presupuesto -y en los títulos de crédito-.

Laura Falcó dijo...

Sí, lo sé, pero está registrado y si lo quieren deberán pagar derechos. Si luego lo plasman mejor o peor es otra historia ;-)

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