viernes, 17 de abril de 2009 | By: Laura Falcó

Aquello que nunca te dije


Hoy hace un mes que mi vida cambio por completo. Hoy hace un mes que te fuiste para siempre y aún no consigo hacerme a la idea. Nunca imaginé que lo nuestro terminaría así, tras una acalorada discusión y por un desafortunado despiste. Ahora siento y lamento tantas cosas. Hasta el día de hoy, he sido incapaz de volcar en papel lo que sentía. Las palabras se agolpaban en mi garganta y el nudo era tal que nadie, ni nada conseguían que sacase fuera todo este dolor. Pero el tiempo todo lo puede y hoy, al fin, me he visto con ánimo de decirte muchas cosas, cosas que jamás te dije y que debí haberte dicho. Supongo, que aquel fatídico día traté, pero sin demasiado atino, de expresar lo que sentía y tú, como siempre, evitaste mirarme a los ojos, evitaste hablar de sentimientos y saliste huyendo. Lástima que, en esa apresurada huída, no te percatases de que venía un coche. Ahora ya no te tengo, ya no puedo cambiar nada, ni contarte todo lo que quería que supieras. Ahora tan sólo espero que, esté donde estés, puedas leer esto y aunque tarde, de algún modo pueda decirte, todo lo que te tenía que decir.

Cuando hace dos años te conocí mi vida era un caos. Acaba de salir de una relación destructiva y tan sólo buscaba olvidar. Entonces apareciste tú y te propusiste conquistarme a toda costa. No sé que parte de ese arrojo respondía a pura cabezonería y cuál era fruto de un verdadero interés, pero no cejaste en tu empeño hasta que accedí a darte una oportunidad. Reconozco que, al principio, no te hice mucho caso, mi corazón seguía ocupado y necesitaba tiempo pero, poco a poco, conseguirte hacerte un hueco en mi vida. Rompiste esa coraza que yo me había creado y llegué a quererte con toda mi alma. Tuviste mucha paciencia y con tus actos me demostraste muchas cosas.

Durante estos años hemos vivido de todo. Han habido momentos muy buenos y otros no tanto, pero hay algo que no me deja pasar página. Durante todo este tiempo jamás oí un te quiero de tu boca. Ya sé que no eres dado a expresar tus sentimientos pero, esa ausencia de palabras, mata. Traté tantas veces de hacerte entender que me sentía vacía. Traté tantas veces de que por un momento te abrieses y me dijeses “algo”. Con el tiempo me acostumbré a tu parquedad, pero nunca pude compartir contigo al cien por cien mi mundo. Hablar contigo de amor, de lo que me ocurría, era un espejismo y yo necesitaba expresar lo que sentía y saber que sentías tu. Siento que te hayas ido sin ser capaz de soltar lo que llevas dentro. Ahora, difícilmente podré saber si realmente me querías, o sencillamente te acostumbraste a mí.

Aquella tarde en que todo acabó, discutimos. Yo necesitaba más que nunca que me dijeses que me amabas y tu te cabreaste mucho, porque odiabas hablar de ello. Me repetiste una y otra vez que tu no eras así, que a ti no te gustaba hablar de esos temas y que parecía mentira que, tras dos años, aún no lo hubiese comprendido. Yo me puse a llorar y te dije cosas que realmente no sentía. Dije que te odiaba, que estaba harta de la relación y que ojalá no te hubiese conocido. Te dije que lo quería dejar y que no quería volverte a ver. Entonces tu, ofuscado, te giraste y sin mirar cruzaste la calle. Ese fue el último instante en que tus ojos vieron la luz del día. Aquel día tenía que decirte algo importante. Aquella mañana acaba de descubrir algo y tenía que tomar una decisión; ese fue el verdadero motivo de que necesitara saber si realmente me querías. Aquel día descubrí que estaba embarazada, de ahí mi insistencia en saber qué sentías por mí. Todo cuanto te dije luego, cuando nos enfadamos, era completamente falso. Lo que realmente siento es que te quiero y que te querré toda mi vida, aunque ya no estés. Por suerte, siempre habrá alguien que me recuerde a ti. Lo que realmente me duele es saber que mi hijo jamás podrá conocer a su padre y que tu te fuiste sin saber de su existencia. Lo siento y no te puedes imaginar hasta que punto me arrepiento, día tras días, de no habértelo dicho a tiempo.

Son tantas las cosas que nunca nos dijimos y tantas las que nunca más nos podremos decir.



Cristina levantó unos instantes el bolígrafo del papel y bebió un sorbo de agua. En ese momento, una extraña pero familiar sensación se apoderó de ella. Sabiéndose sola se comenzó a sentir curiosamente acompañada, arropada. Era como si en la habitación hubiese alguien más. Fue entonces cuando un aroma conocido llegó hasta ella. Era como si alguien hubiese rociado la estancia con la colonia de Adolfo. Luego, como en un sueño, Cristina sintió unos brazos que desde atrás la rodeaban y como si alguien besara dulcemente su mejilla. De pronto, sin darle apenas tiempo a reaccionar, el bolígrafo que había depositado sobre el papel cobró vida propia y, con una caligrafía de sobras conocida por ella, escribió sobre el papel:

“Efectivamente, son muchas las cosas que nunca te dije y debí decir, pero hay una que no me iré sin decirla: Siempre te he querido y siempre te querré”.

3 comentarios:

goloviarte dijo...

he añadido tu blog en la etiqueta"literatura"en aquiestatublog
gracias

Natalie dijo...

Llegué a tu blog por casualidad...sólo tengo que decir: enhorabuena! :D
Es precioso el texto y me ha emocionado...espero seguir leyendo palabras tan preciosas como las tuyas!

Laura Falcó dijo...

Gracias Natalie,
Es un placer escribir cuando sabes que la gente te lee y le gusta lo que escribes.

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