lunes, 20 de abril de 2009 | By: Laura Falcó

Melanie


Seguir sin ella era muy duro. Ariane había llevado la pérdida de forma más adulta y pese al dolor, trataba de seguir con el día a día de la mejor forma posible. Melanie era otro cantar, con seis años no aceptaba que no iba a volver a ver a Mamá. La primera semana tras su muerte, Melanie quiso escribirle una carta de despedida y Mikel, pensando que aquello podría ayudarle, le echó una mano. En aquella triste pero hermosa carta, la niña se despedía de su madre y a su vez, le pedía que siguiera dándole las buenas noches, para no sentirse tan sola. Su padre trató de hacerle ver que esa sería la última vez que podría contactar con su madre; que en el cielo, tan sólo aceptaban una carta por niño. Si algo no quería era que Melanie confundiese la realidad con un mundo inexistente y sumamente peligroso. Al principio, Mikel trató de tener paciencia pero, pasados unos meses, ya no sabía que hacer para reconfortar y recuperar la estabilidad emocional de su hija menor. Por su parte, tampoco era que el estuviese demasiado bien. Pasaba muchas noches llorando, echando a Susan de menos. Dormido, acariciaba el lado derecho de la cama tratando de encontrarla, sabiendo que nunca más iba a estar ahí.
Tampoco resultaba fácil ver como Ariane, con tan sólo diez años, trataba de seguir con su vida como si nada hubiese pasado. Mikel estaba convencido de que, tarde o temprano, se derrumbaría y sacaría fuera todo aquel dolor.

La mañana en que Melanie despertó diciendo a su padre, que ya no debía preocuparse más por ella, que Mamá había vuelto, fue la mañana en que Mikel decidió buscar ayuda. Melanie afirmaba ver a su madre todas las noches, y eso a Mikel, le pareció muy sintomático que de algo no andaba bien.

- Mamá viene cada noche a mi cuatro para darme las buenas noches.
- Eso no es posible, amor. Mamá ya no está con nosotros.
- ¡Sí que está! Exclamó Melanie enfadada. Y me dice, como siempre, que sueñe con los angelitos.

Los psicólogos a los que Mikel recurrió, empezaron a asustarle.

- Melanie no miente. Ella está convencida de que su madre está junto a ella, cuando se va a dormir.

Algunos de ellos llegaron a decirle que Melanie podía estar desarrollando algún tipo de brote esquizoide, o de paranoia obsesiva. Que a veces, tras este tipo de pérdidas traumáticas, se podían desarrollar defensas mentales que, dependiendo de la edad, derivaban en un alzeihmer temprano o en una psicosis obsesiva.

Por su parte, Ariane empezó a mirar a su hermana como si de una loca se tratase. Ninguno de los dos sabía que hacer, ni como reaccionar. Pasaban los días y Mikel observaba como, a la hora de dormirse, Melanie hablaba sola, como si mantuviese una larga y entretenida conversación con alguien. Como cabía esperar, cuando Mikel preguntó a la niña está contestó sin titubear que ese alguien, seguía siendo su madre.
Lo que realmente alteró a Mikel fue una frase que Melanie añadió al final.

- Por cierto papi, que dice Mamá que me vaya preparando para irme con ella.

Tal era la preocupación y el desconcierto de Mikel que, con el fin de que el psicólogo pudiese observar el comportamiento de Melanie, instaló una cámara en la habitación.

- Así podrá ver la secuencia completa y cuáles son las conversaciones que supuestamente mantiene, pensó.

A la mañana siguiente antes de despertar a las niñas, Mike se sentó en el sofá del salón con el fin de visualizar la cinta. En ella veía como el acompañaba a Melanie a la cama, como la arropaba y como le cerraba la luz. Pasados unos minutos oyó que su hija empezaba a hablar sola.

- ¿Mamá? Decía la niña

De pronto, algo que jamás hubiese creído posible apareció ante sus ojos. Allí estaba Susan, como una aparición fantasmal, pero más real que nunca. Llevaba varios meses muerta pero su figura y su melena rubia lucían tan hermosas como siempre. La vio de espaldas, acercándose lentamente hacia la cama de Melanie mientras esta, la esperaba con sus brazos abiertos para abrazarla.

- Buenas noche mi amor, que sueñes con los angelitos. Dijo Susan.
- Igualmente mami. Contesto la niña.

Mike se dejó caer sobre sus rodillas frente al televisor, con lágrimas en sus ojos.

- ¡Dios mío, como es posible!, ¡Susan!

Entonces, Susan giró la cabeza en dirección a la cámara y un rostro diabólico y nauseabundo le miró fijamente. Una voz desgarrada y profunda dijo:

- Me la voy a llevar conmigo y tú no vas a poder evitarlo…jajajajajjaj

Mike se levantó de un brinco y cogiendo el mando del video rebobinó la cinta para volver a ver aquella imagen. No daba crédito a sus ojos. ¿Qué se suponía que era aquello?, ¿De dónde procedía?, ¿Por qué quería llevarse a su hija y a dónde? Y lo peor ¿Por qué utilizaba la apariencia de Susan? Mike se sentó en el sofá sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Su cabeza iba a mil por hora. Entonces recordó la vieja librería esotérica que Susan le había recomendado tan encarecidamente y que el jamás había pisado. Susan solía comentar que su propietaria sabía mucho de estos temas. A el, hasta la fecha, las historias esotéricas le parecían absurdas y poco creíbles. Pero esa visión de la realidad acababa de cambiar drásticamente.

Claramente contrariado y asustado, Mike levantó a las niñas y las llevó al colegio como cada mañana luego, se acercó a la librería en busca de respuestas.

- ¿Y dice que le dijo que iba a llevarse a la niña?
- Sí, eso dijo. Llevo la cinta por si la quiere ver.

Minutos después, tras haber visionado la cinta aquella mujer miró a Mike y dio su opinión.

- Algo o alguien ha abierto una puerta a otro mundo. Posiblemente, la muerte de Susan y la necesidad de Melanie por recuperarla, han puesto muy fácil las cosas para que algún ser descarnado y ávido de luz haya irrumpido en nuestro mundo.
- ¿Puerta?, ¿Ser descarnado?...Creo que todo esto me supera. Yo, hasta esta mañana tan sólo creía en lo que podía ver y ahora…
- Cálmese. Lo último que su hija necesita en estos momentos es que usted se venga abajo.
- ¿Y qué puedo hacer? No sé ni…Dijo Mike echándose a llorar.
- Voy a ayudarle ¿vale? Pero necesito que sea fuerte.

Mike asintió con la cabeza, incapaz de articular ni una palabra.

- Cierro la tienda y voy con usted a su casa. Esta noche la pasaré ahí, junto a Melanie.
- Gracias, de verás.

Tan sólo entrar en la casa Cristel noto la presencia. Era fuerte, muy fuerte y especialmente negativa. Fuera lo que fuera no iba a irse con facilidad, pensó. Recorrió la casa lentamente tratando de impregnarse de aquel ser para averiguar de el todo lo posible.

- ¿Y si nos mudamos? Preguntó Mike
- Ni se le ocurra. Este ser no está preso entre estas paredes. Este ser está aquí por su hija y la seguirá a donde vaya. Es más, si cree que tratan de huir puede volverse especialmente agresivo.
- ¿Agresivo?
- Sí, y de momento no nos interesa despertar sus sospechas.
- Entiendo.
- Creo que si Melanie fue el detonante, sólo ella puede cerrar la brecha.
- ¿Cómo?
- Tenemos que conseguir que no quiera volver a ver a su madre.
- Eso será muy complicado. Melanie adoraba a Susan.
- Lo sé, pero estoy casi segura que es ese deseo de que vuelva el que ha abierto el portal.
- ¿Y qué podemos hacer?
- ¿Qué es lo que a Melanie más le gustaba de su madre?
- Pues …
- Piense, es muy importante
- Creo que las manualidades. Susan era muy buena haciendo actividades con las niñas.
- Bien, ¿Y qué más?
- Pues Susan siempre hacía todo un ritual para acostarla. Que si un cuento, que si abrazos…
- Cuando llegue las niñas me va a presentar como una amiga de Mamá que viene a pasar unos días en casa. Vamos a tratar de ganarnos a Melanie con ese tipo de cosas.
- ¿Cómo?
- Vamos a hacer con ella todas las cosas que hacía su madre hasta que olvide, en lo razonable, que ella ya no está.
- Ya veo por donde quiere ir.

Y así fue, durante el mes siguiente Cristel y Mike se volcaron con Melanie. Cristel le leía cuentos y pintaba con ella. Mike le daba millones de abrazos y besos y cuando volvía de la oficina jugaba con ella hasta la hora de ir a dormir. Durante ese mes, la presencia del ente fue cada vez reduciéndose, hasta que llegó un momento en que desapareció.

- Creo que mi misión aquí ha concluido. Melanie está bien y el ente brilla por su ausencia.
- Es cierto, y todo gracias a ti.
- De todas formas, sería aconsejable que ahora que no está, os mudarais de casa. Cuando más lejos mejor.
- Lo haremos. Y, ¿Cómo voy a pagarte lo que has hecho por nosotros?
- Estamos en paces.
- ¿En paces?
- Sí. Desde que mi familia murió, ahora hace algo más de un año, en un accidente de tráfico, no había vuelto a ser feliz. Estos días han sido maravillosos.

Mike miró a Cristel a los ojos y entonces se dio cuenta de que se había enamorado perdidamente de ella y ella de él. Aquello no estaba previsto y hacía tan poco desde la muerte de Susan, pensó. No pudo evitar sentirse culpable. Entonces, levantó la vista y en la ventana de su cuarto pudo ver el rostro de Susan que, guiñándole un ojo, con sus los labios le decía “Bésala”. Fue en ese instante en que Mike lo comprendió todo. Nunca existió ningún ente diabólico, sino una esposa y una madre que deseaba para su familia lo mejor.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantó. Una historia preciosa

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