miércoles, 30 de mayo de 2012 | By: Laura Falcó

El vuelo 4876

Subió al avión algo nerviosa. Era su primer vuelo desde el accidente. Lo cierto es que todavía nadie se explicaba cómo pudo sobrevivir a aquello; en mitad de la selva y tras aquel brutal impacto. Le había costado mucho tiempo recuperarse de sus heridas, pero lo peor estaba en su cabeza. Aunque la compañía aérea había sido muy comprensiva, tras más de seis meses de baja por depresión, Cris tenía que reincorporarse a su puesto de trabajo. No podía continuar encerrada en casa.

Al entrar en la nave un extraño cosquilleo recorrió todo su cuerpo. Quizás el miedo a volar todavía seguía latente. Entonces recordó lo que el comandante Ramírez solía decir:

-Somos unos afortunados. El avión es el medio de transporte que menos accidentes tiene.

Por otra parte, los recuerdos eran todavía demasiado intensos como para que el entrar de nuevo en una nave, la dejase indiferente.

Tras acomodar al pasaje Cris se sentó en su asiento y se ató el cinturón. Los recuerdos se agolpaban en su mente y sintió como su estómago se encogía. En ese instante vio a una muchacha dirigiéndose al baño. Sin dudarlo se incorporó y, acercándose al baño, tocó con los nudillos en la puerta.

-Disculpe. Vamos a despegar. Ha de regresar a su asiento.

Nadie respondía.

-¡Señorita! Insistió golpeando nuevamente la puerta. Debe salir del baño.

Entonces, al rato, la chica salió sin ni tan siquiera mirarla o inmutarse por su presencia.

-¿Qué diablos…? Exclamó ella pensando que aquella mujer era una mal educada.

Revisando nuevamente los cinturones del pasaje, Cris regresó a su asiento.

Al rato, una vez que el avión hubo alcanzado la altura de vuelo, la señal de abrocharse los cinturones se apagó y algunos pasajeros empezaron a deambular por la nave. Iba a ser un viaje largo, así que era lógico que el pasaje quisiera mover las piernas, sobre todo los más pequeños, ya que eran los que peor llevaban el hecho de tener que permanecer quietos. En cualquier caso, ya habría tiempo para quedarse anquilosados en los asientos. Se incorporó y se dirigió hacia a la cabina. Ana la estaba esperando a lo lejos para empezar a cargar el carro de bebidas cuando de pronto, junto a ella, creyó ver algo…o mejor dicho, a alguien que le era familiar. Cris frunció el ceño. Por un instante le había parecido reconocer a Jane, su antigua compañera. Aunque sabía que eso era imposible, ya que Jane murió en el fatídico vuelo 4876, la imagen había sido tan clara… Su miedo a volver a volar y su subconsciente le estaban haciendo ver cosas absurdas, se dijo a si misma mientras cargaba la comida en el carro. Quizás fuese un extraño sentimiento de culpa, ese sentimiento que durante meses la había llevado a creerse culpable por haber sobrevivido. Fue tan duro ver a familias enteras destrozadas mientras que ella, que no tenía a nadie, había sobrevivido milagrosamente.

Tras el almuerzo, Cris se sentó un rato en su sitio y trató de echarse una cabezada. No habían pasado ni veinte minutos cuando, sobresaltada, abrió los ojos. Otra vez aquellas terribles pesadillas. Los gritos, el fuego y la tragedia vivida no la dejaban apenas conciliar el suelo. Pensativa, puso su asiento en posición vertical y recordó la explicación que la comisión investigadora dio sobre la tragedia. Al parecer, todo había sido debido a los problemas de fabricación de los modelos 737 de Boeing. Algunas naves de las series 737-300, 737-400 y 737-500 presentaban piezas defectuosas que podían ocasionar la fractura del fuselaje al estar bastante tiempo sometidas a altas presiones. Afortunadamente, muy pocos vuelos se vieron afectados por aquel problema y tan sólo el vuelo 4876 terminó estrellándose. Por lo visto, en los siguientes modelos, Boeing corrigió aquellos errores.

Fue entonces cuando la vio. Era aquella pequeña, la niña de color, la misma que no paró de corretear durante todo el vuelo 4876. Eso no era posible, se dijo para sus adentros. Sin embargo, se parecía tanto a ella. Cabizbaja recordó con dolor la visión de aquel cuerpecito carbonizado y tirado en mitad de los restos de la nave. Triste por aquel recuerdo, Cris se incorporó para ayudar a Susana con la cena del comandante. Ambas avanzaron hasta la cabina.

-¿Qué tal por ahí fuera? Preguntó el piloto.
-Todo en orden. Respondió Susana
-¿Qué hay de comer? Preguntó el copiloto.
-Pasta y pescado. Dijimos ambas al unísono.
-Por cierto, esta mañana me he enterado de algo que os encantará. Añadió Susana.
-Sorpréndeme. Dijo el copiloto girándose para oírla mejor.
-¿Os acordáis del vuelo 4876? El que se estrelló.
-Sí claro. Respondió el comandante.
-Pues por lo visto reutilizaron piezas para la construcción de algunos aviones, incluyendo este.
-¿Y? Preguntó el copiloto. Más allá del morbo, ¿qué tiene eso de especial?
-Pues que por lo visto los pasajeros y tripulación de esos vuelos afirman haber visto fantasmas.
-¿Fantasmas? Preguntó el piloto sorprendido.
-Sí, pasajeros del 4876 que rememoran una y otra vez el fatídico suceso. -Dijo Susan dejándonos a todos sorprendidos.

Aquello no podía ser cierto, era demasiado macabro para ser real. Y aunque lo fuera, ¿cómo Susana había podido explicar aquella historia con ella delante? Pensó Cris acongojada por aquella falta de sensibilidad.

Enfada, dolida, Cris salió de la cabina como alma que lleva el viento.

Mientras recorría el largo pasillo de regreso hasta su sitio, una extraña sensación de familiaridad la embargó. La chica rubia con sus pequeños, el hombre con sobre peso que apenas cabía en su asiento, la joven pareja de enamorados comiéndose a besos…todos ellos le resultaban conocidos. Aunque en un puente aéreo podía ser frecuente coincidir con pasajeros en más de una ocasión, la probabilidad de que ello ocurriese en trayectos transoceánicos, era muy baja.

Angustiada, Cris retrocedió sobre sus pasos. Aquello no podía estar pasando, sabía que eran ellos. Corrió desesperada, nerviosa hasta la cabina pero de pronto, cuando estaba a punto de llamar a la puerta, esta se abrió y el viejo comandante Ramírez apareció tras ella.

-Hola Cris. Dijo con voz calmada. ¡Cuánto tiempo sin vernos!
-¿Cómo?..¿Qué?... ¡usted está muerto! Exclamó ella presa del pánico.

El hombre miró al suelo con cierta tristeza en su expresión mientras algunos de aquellos rostros conocidos se aproximaban lentamente.

-Cris. Dijo levantado la vista.- Nadie sobrevivió al vuelo 4876, sólo que tú, todavía no has aceptado que estás muerta.

9 comentarios:

José Antonio del Pozo dijo...

muy bueno, bravo
saludos blogueros

Esther Riobó dijo...

Me recuerda el caso del vuelo 401, aunque este relato es más sugerente. Me ha gustado mucho.

Mar dijo...

Como siempre, Laura... ¡¡Me ha encantado!!
Un saludo.

Laura Falcó dijo...

Es que me inspiré en ese caso, el del vulo 401. Un abrazo a todos

Claudia Bürk dijo...

Excelente, el tipo de historias que me gustan y me emocionan. Grandioso final, pone el vello de punta.

Juan De Linares dijo...

Pues si te inspiraste en el vuelo 401... querida amiga tienes una imaginación portentosa, aun me queda el "regustillo amargo" del impactante final!! Besazo y felicidades Laura <3

Rafael Caunedo dijo...

...esta semana me marcho a Polonia, voy a confirmar el número de vuelo no vaya a ser...

Laura Falcó dijo...

Gracias a todos ;-)

Anónimo dijo...

Saludos desde salamanca mexico me fascinan todas tus historias

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