jueves, 29 de julio de 2010 | By: Laura Falcó

Nieve


24 de Abril de 1986

Acababa de amanecer cuando empezó a nevar. Era tan poco frecuente que nevara en aquella zona, que los niños salieron entusiasmados a la calle. La estampa era realmente hermosa. En pocas horas, el paisaje se cubrió de blanco. Por la calle, cientos de niños se deleitaban jugado a lanzarse bolas y a hacer muñecos de nieve. Los mayores observaban el paisaje pensativos; algunos de ellos no habían visto nunca nevar. A lo lejos, los campos de arado lucían un aspecto inolvidable.

Las horas fueron pasando y con ellas, la nieve fue cada vez a más. Parecía como si el cielo se hubiese enfurecido y, además de los enormes e insistentes copos de nieves, lanzase, cada vez con mayor fuerza, ráfagas de viento endiabladamente helado. Entonces, empezaron a llegar los primeros inconvenientes. Las calles se hicieron prácticamente intransitables y los árboles, cargados hasta la copa de un peso fuera de lo normal, amenazaban con partirse sobre el asfalto. Los vehículos dejaron de circular y los niños, empezaron a guarecerse dentro de sus casas. El suelo se había convertido en una auténtica pista de hielo capaz de partir las piernas, incluso al patinador más diestro. Los vecinos, nerviosos por la cantidad de nieve que empezaba a acumularse en sus tejados y en la entrada de sus casas, sacaron las escaleras, las palas y la sal en un intento infructuoso por limpiar la zona. Muchos temían que los techos, nada preparados para esa climatología, cediesen.

En todas las cadenas hablaban de aquella locura climática que, a juzgar por las noticias, estaba convirtiéndose en un fenómeno de alcance mundial. Por lo visto, incluso en aquellas zonas donde ahora era primavera, el cielo se había tornado gris plomizo y había empezado a nevar para sorpresa de los presentes. No había lugar donde la nieve no hubiese hecho acto de presencia. Ante lo excepcional y extraño de aquel fenómeno, la gente empezó a asustarse. Aquello no era para nada normal. Cada vez era más difícil mantener las puertas y los techos libres de aquella plaga blanca que amenazaba con enterrarles bajo el hielo. Algunos optaron por encender hogueras dentro de bidones y cubos de basura vacíos alrededor de sus hogares, en una absurda iniciativa para tratar de derretir la nieve que les acechaba. Los hospitales empezaron a verse desbordados por el número de roturas y fisuras ocasionadas por las caídas. Muchos, se encontraron completamente aislados del resto del mundo.

La noche empezó a caer y con ella, la nieve se convertiría en enormes placas de hielo.


25 de Abril de 1986

-¿Tenemos forma de parar esto? Preguntó el ministro de defensa.
-Es un proceso difícilmente reversible. El generador de partículas reventó durante la prueba y crear uno nuevo supondrían algo más de un mes. Contestó el técnico al mando del laboratorio.
-¡No hay tiempo!...¡Nadie, absolutamente nadie debe jamás saber sobre la existencia de esta máquina, o de este experimento¡ Exclamó el ministro.
-Si me autoriza daré órdenes para que la máquina del tiempo y toda la documentación existente, sean destruidas de inmediato.
-Perfecto.

Consternado y claramente alterado por aquella situación, dio un par de vueltas por la sala pensativo. Mientras esperaba que el técnico acabase de hablar por teléfono con el personal a cargo del proyecto en la NASA, imaginaba el terrible final de aquella historia.

-¿Qué previsiones hacen los técnicos? Preguntó temiendo la respuesta.
-Si nada cambia, el fluido eléctrico empezará a fallar en unas cuarenta y ocho horas. Eso ocasionará a su vez que un tercio de la población mundial muera congelada en un plazo máximo de una semana.
-¿Qué zonas serán las primeras en verse afectadas?
-El cono norte del planeta. Aunque...quizás

Por un instante se hizo un silencio sepulcral

-¿Aunque...quizás...? Preguntó el ministro viendo en los ojos de Jenk un atisbo de esperanza.
-Lo único que quizás podría parar esto sería...
-¿Qué?

Jenk respiró hondo sabiendo las consecuencias de la respuesta que estaba apunto de dar.

-Una explosión nuclear. Dijo con voz entrecortada.

El ministro le miró fijamente y sin cruzar más palabras levantó el teléfono y llamó a la Casa Blanca.


26 de Abril de 1986

Todos los informativos mundiales abren los telediarios haciendo referencia a la misma y escalofriante noticia.

“Ha habido un accidente de consecuencias catastróficas e imprevisibles en la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, en pleno corazón de la Unión Soviética. Durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito e inesperado de potencia en el reactor 4 de la central, ha producido el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, lo que ha provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. La gravedad es máxima y según nos comentan los expertos, ya se le ha dado al suceso la categoría de nivel 7, el más alto, en la escala INES.

La cantidad de material radiactivo liberado, es unas 500 veces mayor que el liberado por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945. Por el momento, hay más de 25 muertos y el gobierno de la Unión Soviética está preparando la evacuación de al menos 135.000 personas. Se teme que las consecuencias sean de alcance internacional al preverse que la radiactividad afecte a diversos países de la Europa septentrional y central.”

4 comentarios:

Concheria dijo...

espero el día en que un conspiranoico venga y lea esto.
Una historia corta y interesante, sin ir mas alla.
Saludos!

Guillermo dijo...

¡Simplemente me ha parecido una relato espectacular! Enhorabuena otra vez!
Saludos!

La bruja Pili dijo...

me gusto como todos tus relatos aunque siento que le falto un pocqitin de algo, no se qe, pero igual muuu bueno.

1diablo dijo...

Me encantó! lo breve del relato, y el cambio drástico que le das a la historia. . . grax por este escrito.. .

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