viernes, 29 de mayo de 2009 | By: Laura Falcó

El pergamino

“No sigas leyendo. Por Dios te lo pido; aún estás a tiempo. Sé por propia experiencia que la curiosidad nos hace cometer muchas tonterías. Yo también leí este texto, no pude parar a pesar de las advertencias. El texto que contiene este documento es de una antigüedad incalculable y esta maldito. Dicen que lo escribió una vieja bruja que tras saberse traicionada por su lacayo y condenada a morir en la hoguera, maldijo a este y a todo aquel que leyera el pergamino. Sé que a mi me quedan horas, quizás días. Ni los médicos entienden que me pasa. Cada día una parte distinta de mi cuerpo se paraliza y decide no seguir con vida. Ayer fueron mis piernas, hoy mis oídos y quizás mañana sean mis ojos o mis manos. La muerte me acecha, pero antes de que me atrape, haré como hicieron otros antes que yo, trataré de que nadie más lea esto. Este interminable pergamino que aquí ves, cambia cada vez que uno de nosotros muere, dejando en la parte superior del mismo un nuevo espacio en blanco para que la próxima victima escriba lo que desee y borrando el mensaje más antiguo en el contenido. Antes que yo hubieron quizás cientos, o miles de personas que perdieron su vida en vano. En el pergamino tan sólo podréis leer a cerca de los veinte últimos casos. No tratéis de destruirlo, es imposible. No intentéis deshaceros de él, siempre volverá a vosotros. Únicamente guardadlo bajo llave y jamás, bajo ningún concepto, lo leáis. Steven”

Claus dejó el viejo pergamino sobre la mesa. No podía dejar de mirarlo. Cuando le informaron de la muerte de su tío, nunca hubiese imaginado que el motivo real fuera una maldición. De hecho, nadie de la familia tenía conocimiento de aquel extraño documento. Simplemente, apareció dentro del viejo arcón. Volvió a mirarlo. Se hacía difícil no seguir leyendo aunque, bien mirado, podía leer los veinte testimonios sin llegar a leer el texto encriptado de la supuesta bruja. Se sentó y enrolló bien el viejo el pergamino para facilitar su lectura.

“Ayer descubrí que este viejo pergamino me está matando. No alcanzo a entender cómo una mujer del siglo XIII puede ocasionarme la muerte a través de un simple papel. Cada día tengo menos fuerzas y si no escribo esto ahora quizás sea demasiado tarde. Me pregunto que mente perturbada puede desear a una persona desconocida, una muerte tan horrible y agónica como esta. Por lo que he podido leer de la mano de otras víctimas, en algún lugar debe existir un contra hechizo que rompa este proceso, pero dudo que tenga el tiempo necesario para encontrarlo. Según cuentan algunos de los testimonios más antiguos, el remedio no debe estar en ningún lugar físico, sino frente a nosotros aunque no podamos verlo. Pero para mí ya es tarde. Sólo me queda despedirme de un hijo al que nunca llegaré a conocer y de mi estimada esposa Adele. Os quiere. Frank”

Claus se sintió apenado por aquel pobre hombre.
¿Por qué todas estas persona siguen leyendo pese a ser advertidas de la maldición?, pensó. Aquello era adictivo. Por un instante Claus se dio cuenta del extraño y negativo influjo que despierta en el ser humano la desgracia ajena. Si el resultado de leer aquel pergamino fuera neutro o positivo, seguramente que el número de victimas sería por mucho menor. El hombre es morboso por naturaleza.

“No sé en que momento perdí el control. Empecé a leer de forma distendida trozos de lo que la gente había escrito y cuando quise darme cuenta, había sobrepasado la frontera que jamás debí cruzar. En este caso mi escepticismo me ha llevado a un final insospechado. Quizás si hubiera al menos dudado de la veracidad de este documento, no estaría ahora lamentándome. En cualquier caso, a mis setenta y siete años, la idea de irme de este mundo tampoco me hace perder el sueño. Únicamente me preocupa que este documento caiga en manos de otras personas. Andrés”

A cada testimonio Claus se sentía más poseído por el embrujo que aquel documento podía ejercer sobre él. Fuera, la noche empezó a caer sobre la campiña, y el fuerte viento hacia ondear las arbustos con fuerza, deleitándole con un sin fin de silbidos que parecían arropar tan macabra lectura.

“ Llevo toda noche leyendo viejos tratados de brujería medieval y no encuentro absolutamente nada. Ya no sé dónde buscar y siento que mi tiempo se acaba. ¡No quiero morir y menos de este horrible modo! ¡Que Dios acoja mi alma en su seno y no deje que se la lleven los demonios que me invaden! Ayer sorprendí a mi hermana pequeña, con el pergamino en sus manos. Aunque se lo arranqué de malas maneras y la hice prometer que no volvería a leerlo, temo que lo haga. Padre y Madre no conocen de su existencia y mejor que nunca la conozcan. He de hacerlo desaparece para siempre. Debe existir alguna manera de deshacerse de tan diabólico objeto.”

Cada vez que leía un nuevo trozo, el nudo que se le había generado en el estómago, se hacía mayor. Madres, padres, hijos, gente joven y mayor había caído bajo el perverso influjo de aquel extraño hechizo. Sin embargo, Claus seguía sin comprender que pudo llevar a todas esas personas a seguir leyendo. De pronto, uno de aquellos testimonios arrojó algo de luz sobre sus dudas.

“No puedo dejar de leerlo. No puedo dormir. En mi cabeza se amontonan palabras leídas que se me repiten hasta el agotamiento. Es como si el pergamino me llamase en sueños, me despertase, me atormentase. Maldigo el día en que lo descubrí. Aunque conozco las consecuencias, no sé si seré capaz de no seguir leyéndolo. Temo por mi vida o, cuanto menos, por mi cordura mental. Debo alejarme de este objeto y si el no puede alejarse de mi, quizás deba alejarme yo de él. Empiezo a pensar que me estoy volviendo loca. Anna”

Quizás, ese era el porqué de que aparentemente nadie hubiese conseguido sobreponerse a aquella lectura. Si eso era así, también él sufriría las consecuencias. Siguió leyendo pero a cada párrafo que leía, se hacía más complicado entender las frases. El castellano era cada vez más arcaico y el texto original cada vez estaba más próximo. Empezó a leer uno de los últimos testimonios pero las palabras se le resistían.

“Mios oios son plorando de dolore, pocos días he. Et como quier que fasta, mia muerte e presta....

Dejó el pergamino sobre la mesa, enrollado y aunque trató de olvidarse de él, cada vez que pasaba por la sala no podía evitar mirarlo. Trató de acostarse pero, al igual que Anna, en su mente sólo había lugar para aquel viejo pergamino. Empezó a dar vueltas en la cama y un extraño estado de ansiedad fue haciendo mella en él.

Debían ser las cinco de la mañana cuando con los ojos vidriosos de no dormir y los nervios destrozados, Claus se incorporó de la cama. Trató de calmarse pero una sola idea invadía su mente, aquel dicho pergamino. Finalmente, tras más de una hora de deambular por la casa y completamente fuera de control Claus agarró el pergamino, lo desenrolló lentamente y leyó...

“Maldita sea la saña del traydor Julián, ca mucho fue perseverada; maldita sea la su yra, ca mucho fue dura et mala, ca sandio fue él con su ravia et coraioso con su incha, antuviado con su locura, oblidado de lealtad, desacordado de la ley, despreciador de Dios, cruel en sí mismo, matador de su señora, enemigo de su casa, destroydor de su tierra, culpado et alevoso et traydor contra todos los suyos; amargo es el su nombre en la boca de quil nombra; duelo et pesar faze la su remenbrança ca el coraçón daquel quel emienta, e el su nombre siempre será maldito de quantos dél fablaren et de quantos este pergamino leieran.”
Ahora el también estaba maldito, al igual que tú. ¿Verdad que leíste el conjuro?

4 comentarios:

josemoya dijo...

No me gusta decir estas cosas, pero lo veo un poco flojo respecto de otros cuentos de tu blog. En primer lugar, ciertos cambios de estilo entre el segundo fragmento (que, además, contiene una despedida) y el tercero, inconsecuentes con la "involución" posterior. En segundo lugar, la dificultad que supone, incluso para los filólogos, hacer creíble el castellano antiguo inventado...

Laura Falcó dijo...

Jose respeto tu opinión en cuanto al tipo de cuento. Es decir, te puede gustar o no pero no te equivoques con respecto al castellano antiguo. No me lo he inventado. He copiado literalmente, tan sólo cambiando el nombre propio que aparece y alterando una frase, un texto antiguo real.

Anónimo dijo...

HOLA LAURA MIRA YO SOY LECTORA DE TU BLOG Y SOLO ME GUSTARIA SABER SI ESTA HISTORIA ES REAL POR QUE LA VERDAD QUE SI ME DIO MIEDO AUNQUE LA VERDAD NO ENTENDI CASI NADA DE LA SUPUESTA MALDICIO BUENO ESPERO ME PUEDAS CONTESTAR TE MANDO MIL SALUDOS Y TE FELICITO ESTAN MUY INTERESANTES TUS HISTORIAS.ASTA PRONTOººº

Peter Mathius dijo...

Bueno Láura, pues como de antemano ponias al final de tu Artículo, SÍ LEÍ EL MANUSCRITO en Castellano Antíguo, y supongo que habrá quedado el PETER MATHIUS como último Lector, pero no hay que preocuparse, lo que nos tenga que llegar en el transcurso de nuestra vida, escrito en el CIELO (O en el Infierno) está, y Nada podemos hacer por Cambiar nuestro Destino... Saludines Láura (Me Encantó).-

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