domingo, 18 de octubre de 2009 | By: Laura Falcó

Daniel

El día en que Daniel apareció por primera vez, creí que me estaba volviendo loca. Estaba en mi habitación escuchando música cuando oí una voz que me decía:

-¿Cómo puede gustarte esa mierda de música?

Primero, al oír su voz, busqué sobresaltada en cada rincón pensando que alguien se había colado en casa, luego, al tiempo, acudí a un psicólogo angustiada con la posibilidad de que estuviese desarrollando algún tipo de paranoia pero, al final, tuve que aceptar la realidad; ya nunca volvería a estar sola. Aún a día de hoy no sé demasiado bien por que extraño motivo Daniel llegó a mí, ni tan siquiera sé si seguirá ahí mañana, pero quiera o no, he de compartir mi vida con él. Tan sólo sé que pese a mi resistencia inicial y la incomodidad de estar siempre en compañía de un hombre, Daniel sigue siempre ahí. Al principio, traté por todos los medios de hacerle ver que posiblemente estaba muerto y que lo que debía hacer era irse a donde diablos tuviera que ir. Luego, me di cuenta que o bien no quería aceptar el hecho de que ya no estaba vivo, o bien no sabía a dónde debía ir. Un día traté de que me hablase de cuando aún estaba vivo, de cómo murió, pero se enfadó de tal manera que preferí no volver a hacerlo. Poco a poco, nos fuimos acostumbrando a compartir nuestro tiempo y nuestras vidas. Y sin darme cuenta, me acostumbré a él y el a mí. Daniel se convirtió en mi mejor amigo, en ese hermano que nunca tuve.

Como podréis imaginar, durante estos tres años he vivido situaciones de lo más curiosas. ¿Alguien a probado a cambiarse un tampax en compañía de un extraño?, ¿a dormir con un desconocido?, ¿Y a hacer el amor con tu pareja en compañía de otro tío? Seguro que la respuesta es NO. Pues bien, yo he pasado por todo ello y por mucho más. Aunque Daniel ha tratado siempre de ser discreto, o de mirar hacia otra parte, a veces la realidad es complicada y sin quererlo ocurren cosas imprevistas.

Recuerdo por ejemplo una noche que estando yo con un ligue en situación “íntima”, Daniel no pudo evitar interrumpir.

-¿Pero...desde cuando se hace el amor así? ¡Si parece una rana dando brincos! ¡Vamos Karen...dile que deje de hacer el payaso! Como siga así te abre otro agujero por error…

Como os podéis imaginar a mi me dio un ataque de risa de los que hacen historia y es que, efectivamente, tenía razón. Aquel chico demostró ser francamente nefasto en la cama. Lo peor fue que encima me puse a comentar la jugada con Daniel y claro, aquel pobre chico salió de mi casa pensando que se había acostado con una perturbada mental.

También ha habido situaciones en las que Daniel me ha ayudado mucho. No os podéis imaginar lo cómodo que es copiar en los exámenes con alguien invisible, e inaudible para los demás. Otras veces, por el contrario, hubiese preferido no saber ciertas cosas. Lo malo de tener un amigo invisible, es que tus supuestos amigos reales hablan delante de él sin tapujos y claro, lo que se dice de uno en su ausencia, no es siempre lo que desearíamos oír.

Daniel se convirtió indiscutiblemente en parte de mi vida y de hecho ya no me imagino estar sin él. A veces no puedo evitar pensar en lo complicado que será el día en que tenga una pareja formal. No sé como se lo tomará esa persona, ni tampoco cómo se lo puede llegar a tomar Daniel. Últimamente, tengo la extraña sensación de que no soporta que otros chicos se me acerquen. Supongo, que aunque trate de disimularlo, no puede evitar sentirse celoso.

Una mañana al levantarme sentí que algo distinto estaba sucediendo, que algo había cambiado.

-¿Daniel?, ¿Se puede saber dónde estas?

Nadie me había preparado para la aparición de Daniel, pero tampoco nadie me había preparado para que desapareciese de repente, sin ninguna explicación. Durante días traté sin éxito de comunicarme con él; llegué incluso a comprarme un ouija. Después, cuando comprendí que no iba a volverle a ver, me sentí terriblemente sola y triste; era como si me hubiesen extirpado una parte de mi ser. Luego, comprendí que quizás había encontrado el camino hacía su verdadero destino y aunque traté de alegrarme por él, descubrir algo que hasta aquel momento no había querido ver; me había enamorado de Daniel. ¿Cómo era aquello posible?, ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Un enorme sentimiento de vacío se apoderó de mí. Mis notas cayeron en picado y me encerré en casa; no quería ver a nadie. Tan sólo deseaba recuperar a Daniel. Irremediablemente, el tiempo todo lo cura y, aunque no había olvidado a Daniel, la vida seguía y yo no podía apearme aunque lo deseaba con todas mis fuerzas.

Pasaron cinco largos meses y mi vida fue poco a poco recuperando su normalidad. Mis amigos, mis clases en la universidad, las salidas del fin de semana,…todo ello hizo que prácticamente borrase a Daniel de mi vida y de mi recuerdo. Daniel pasó a ser un episodio anecdótico en la vida de una adolescente hasta aquella mañana del mes de mayo. La primavera estaba de nuevo empezando. Recuerdo como si fuera ayer, el olor de la mimosa entrando por la ventana de mi habitación y mezclándose con el olor a café recién hecho. Como cada día, me dispuse a desayunar y a ir a clase pero, aquel día iba a ser distinto. Me vestí, tomé mi carpeta y mis libros y al cruzar el umbral de la puerta le vi. Allí estaba Daniel, quieto, expectante, mirando la puerta de mi casa desde la cera de enfrente. Sólo que esta vez, Daniel ya no era aquel ente que tan sólo veían mis ojos, Daniel era real, de carne y hueso. Por un instante, la sangre se me heló y fui incapaz de moverme. Me limité a mirarle fijamente mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas; lágrimas de alegría, de pena y probablemente de temor. El, impasible, también me miraba con los ojos humedecidos y con una media sonrisa que iluminaba todo su rostro. Entonces, se acercó lentamente hasta mí y tomó mis manos entre las suyas.

-¿Cómo…? Pregunté con voz temblorosa.
-Te lo dije, no estaba muerto. Contestó él.
-No entiendo.
-Por lo visto, hace unos tres años tuve un accidente de coche bastante grave y entré en coma. Desperté del coma cinco meses atrás, pero hasta hace diez días, no recordaba apenas nada. ¿Sabes qué fue lo primero que recordé?
-No. Respondió Karen claramente emocionada por la situación.
-A ti.

En ese instante Karen abrazó a Daniel con todas sus fuerzas y Daniel sin dudarlo, la besó.

Karen y Daniel se casaron al cabo de tres años y aún a día de hoy, cuando alguien les pregunta cómo se conocieron, entre risas, uno de ambos suele decir:

“En un sueño”

4 comentarios:

Maryybel dijo...

Simplemente bello...
me encanto, sigue asi

Laura Falcó dijo...

Gracias Marybel

Anónimo dijo...

*sniff*
TT.TT hermoso
kiero llorar simplemtn hermosa sta istoria

PauuLa..❤ dijo...

Laula .. descubri tu blog apenas hace 3 semanas atravez de escalofrio.com (muuuy buenaa ideaa poner tus relatoos ahii jaja) ee leeeido desde el primero hasta estee.. y pretenddo leerlos todoos!! eres una genio.. te admiro bastante..

Pauu

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