martes, 25 de enero de 2011 | By: Laura Falcó

El Real Cabaret

Nuevamente aquella imagen. Como tanta otras veces me levanté con su rostro impreso a fuego en su mente. ¿Quién sería aquella bella y misteriosa mujer?, ¿Por qué soñaba con ella cada día desde hacia algo más de un mes?

Aquella noche iba a ser densa. Desde primera hora los avisos no dejaron de llegar a la centralita y la salidas se sucedían de forma exponencial. Sullivan, su compañero de patrulla, le avisó desde la otra punta de la comisaría.

-Pit! Tenemos un 10-15 en Queens.
-¿De qué se trata?
-Unos vecinos que se quejan de música muy fuerte en el edificio colindante. Se han agrupado frente al edificio, que está aparentemente deshabitado, y amenazan con tirar la puerta abajo.

Llegamos al lugar y tal como Sullivan había dicho, un grupo de vecinos aporreaba la puerta de un antiguo edificio abandonado.

-¿Sabes si han avisado al propietario?
-Creo que Alicia pasó el aviso. Apuntó Sullivan.
-Bien. Habrá que esperar a que llegue.

Bajamos del coche y tras dispersar a los enfadados vecinos esperamos la llegada del propietario.

-¡Está vacío! Hace más de cinco años que no vive nadie en él. Dijo refunfuñando y de un humor de perros tras haberle hecho levantarse de la cama.
-Los vecinos afirman que llevan varias noche oyendo música.
-Eso...no es posible. Afirmó el hombre negando con la cabeza.

Abrió la puerta lentamente y el rechinar de la misma sonó en todo el edificio. El ambiente era lúgubre y un extraño olor a rancio se desprendía de aquella ennegrecidas paredes.

-¿Hay luz? Pregunté tratando de agilizar la inspección.
-No. Hace años que no se paga el recibo.
-Bien, cogeremos las linternas del coche.

Entramos con cuidado. El suelo estaba lleno de cajas, cristales, amasijos de hierros y muebles viejos. Las paredes, repletas de manchas de humedad parecían guardar silenciosas el recuerdo de épocas pasadas. Era evidente que nadie había pisado aquel lugar desde hacia mucho tiempo.

-¿Qué hay arriba? Preguntó Sullivan.
-El antiguo salón de baile.
-¿Cómo? Pregunté.
-Este edificio fue durante muchos años un club para socios donde los caballeros llevaban a sus novias y mujeres a bailar. En la parte baja estaba el casino, donde tan sólo podían entrar los hombres y en la parte superior el salón de baile.
-Ya.

Subimos lentamente enfocando cada escalón de aquella desgastada escalera de mármol.

Al frente un enorme y hermoso salón de baile nos aguardaba. Todavía podían verse, sumergidos entre espesas telas de araña, algunos vasos y botellas sobre la barra del bar. En las paredes grandes espejos, ahora rajados y polvorientos, reflejaban las lámparas de araña que colgaban como espectros del techo.

-Aquí no hay nada que ver. Exclamó Sullivan. -Volvemos a la comisaría.
-¿Y para esto me hacen venir? Protestó aquel hombre.
-Quizás habrá sido un grupo de ocupas. Añadí yo tratando de dar sentido a las quejas de los vecinos.

Empezamos a descender las escaleras cuando creí oír algo. A mi espalda, un murmullo semejante al que se organiza en las salas de fiestas, captó mi atención. Aunque era imposible que el ruido procediese del interior de la sala, me giré en seco. Allí no había nada. El silencio inundaba nuevamente aquella decrépita estancia. Avancé de nuevo hacia la escalinata cuando un hilo de música apenas perceptible me hizo detenerme.

-¿Bajas Pit? Dijo Sullivan desde la entrada.
-Un segundo, ahora bajo. Dije mientras retrocedía sobre mis pasos.

Intrigado por aquella melodía, volví nuevamente al salón y mientras me adentraba en el por segunda vez este parecía cobrar vida. Como en un espejismo, la sala fue recuperando sus colores, su esencia, su esplendor. Los espejos, lejos de estar partidos brillaban reflejando de forma majestuosa la luz de aquellas hermosas lámparas. La barra, llena de copas y de hombres con trajes de otra época, lucía en plena efervescencia. En la pista varias parejas bailaban alegremente sin recabar en mi presencia. Entonces oí la música, aquella música que todos los vecinos habían parecido oír durante los últimos días. ¿Cómo era aquello posible? ¿De dónde provenía? Miré a mi alrededor buscando una explicación lógica a lo que estaba pasando. Asustado froté mis ojos con fuerza tratando de regresar de aquella increíble visión, pero todo seguía allí. Salí entonces de la sala en busca de Sullivan, pero el resto del edificio, al igual que aquella sala, parecía haber despertado de un sueño de forma inesperada. Todo era diferente. El aspecto de la entrada nada tenía que ver con el estercolero que había dejado atrás hacía unos instantes. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? ¿Dónde estaba mi compañero? Salí del edificio como alma que lleva el viento buscando una respuesta pero en el exterior, tampoco hallé una explicación. Sullivan había desparecido al igual que el coche y la calle parecía sacada de una película de la segunda guerra mundial.

Aterrorizado y completamente desorientado, decidí volver a entrar en el edificio. Allí dentro debía estar la clave de aquel extraño suceso. Entonces, al volver a entrar en la sala de baile, la vi. Era ella, era la mujer de mis sueños. Aquella larga y ondulada melena negro azabache y aquellos glaucos ojos almendrados eran del todo inconfundibles. Paralizado, la miré durante unos instantes. En ese preciso instante ella giró la cabeza y me vio. Por unos segundos nos miramos absortos, confusos, sorprendidos, pero reconociéndonos; como si de viejos amigos se tratase. Era como si el destino hubiese querido jugar con ambos a un juego un tanto extraño y caprichoso. Sin dudarlo, ella se acercó lentamente hasta mi y tomándome de la mano me dijo:

-Llevo mucho tiempo esperándote. Sabía que vendrías, sabía que todo ocurriría aquí, en el Real Cabaret, pero no sabía cuando.
-¿Quién eres?, ¿Qué está pasando?, ¿Dónde estamos?


Al otro lado, en el presente, Sullivan buscó durante horas desesperado a su compañero. Pit jamás volvió a aparecer. Sullivan pasó meses investigado aquel local y buscando a Pit. Lo sorprendente del caso fue cuando al tiempo logró descubrir en la hemeroteca de la ciudad, la fotografía de Pit junto a aquella hermosa mujer. Una vieja fotografía tomada durante la celebración de fin de año de 1938, en el Real Cabaret.

2 comentarios:

RamonRaw dijo...

Quisiera que nos contactaramos y enlazar blogs;) espero su respuesta. Saludos desde Sinaloa!

Anónimo dijo...

Buena. Y me gusto el toque creepy que le dio al mencionar el detalle en la foto.

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