jueves, 11 de noviembre de 2010 | By: Laura Falcó

Soledad

Entró en casa como siempre, pero esta vez era distinto, muy distinto. Se detuvo un instante frente al sofá del salón y suspiró mientras sus ojos se humedecían; apenas le quedaban lágrimas. Sus ojos, rojos y resecos de tanto llorar, eran el fiel reflejo de su estado de ánimo. Ya no volvería a verle ahí, sentado como cada tarde frente al televisor con aquella vieja bata y sus zapatillas azules, raídas por el tiempo. ¿Cómo llenaría ahora ese enorme vacío?, pensó.

Con paso lento, llegó hasta la habitación y se sentó, no sin dificultad, sobre la cama. Mientras se sacaba la ropa, no pudo evitar pensar que ahora se sentiría muy sola. Tras más de cincuenta años juntos, Adela había prácticamente olvidado lo que era ser uno mismo, lo que era estar solo. ¿Quién iba ahora a darle la buenas noches, quién besaría su mejilla cada mañana al despertar, quién la ayudaría a poner la mesa, o a doblar la ropa de cama? Se le hacía muy extraño no oír sus pasos por la casa, o no aspirar aquel horrendo olor a puro habano. Con la mirada perdida entre las baldosas del frío suelo, Adela se daba cuenta que el matrimonio no era para nada lo que la gente pensaba. Estar casado, o vivir con alguien, no era únicamente compartir alegrías y penas, no era tan sólo querer a otro ser humano y pasar la vida junto a él. Estar casado suponía que cada cónyuge dejaba de ser uno mismo, para pasar a ser, en cierto modo, una sola entidad. Jamás había sido tan consciente de que la muerte de Fernando no la había dejado viuda, sino que en realidad, le habían extirpado parte de su propio ser. Asustada, se preguntaba cómo iba a seguir sin él. Ya no recordaba lo que era ser tan sólo uno, hacía tanto tiempo que su vida era para dos, que la unidad le parecía inhóspita, pobre, ilógica, inaceptable. Entonces, un montón de estúpidas inquietudes la asaltaron ¿Qué iba a hacer ahora con los packs de cuatro yogures? Seguro que alguno se le iba a estropear. ¿Y con las medias docenas de huevos? Además, todas sus recetas estaban pensadas para dos. Angustiada, se preguntaba qué sentido tenía cocinar según que platos para uno solo. Parecía absurdo hacer una paella, unos canalones, o un cocido para solo una persona.

Tras quitarse las medias y ponerse la bata, Adela se levantó de la cama con la ayuda del bastón y se encaminó otra vez al salón.

-¿Y ahora?, ¿Qué voy a hacer con todas sus cosas? Dijo para sus adentros.

Se sentó en el sofá y encendió el televisor. No es que fuera a ver nada en concreto, tan sólo era una forma de llenar aquel terrible silencio. De pronto, como en un acto instintivo e incontrolable, dijo como cada mediodía en voz alta:

-¡Fernando!, empieza el telediario.

Pero Fernando ya no estaba allí para acudir al salón. Nuevamente un angustioso desasosiego hizo mella en ella. ¿Con quién comentaría ahora las noticias? En ese instante, Adela se dio cuenta que el dolor que sentía dentro no era tanto por la muerte de su marido, sino por el enorme agujero que el había dejado en su interior. En el fondo, ella sabía que sus lágrimas eran por ella misma y no por él. Tomó entonces entre sus brazos la mantita con la que el solía arroparse en el sofá; todavía olía a él. La abrazó con todas sus fuerzas mientras rompía a llorar completamente desconsolada. En aquel momento fue totalmente consciente; el ya no iba a volver.

Al día siguiente, Adela amaneció profundamente dormida sobre el sofá, tan dormida, que ya no volvería a despertar.

-Falló respiratorio. Dijo el doctor.
-Murió de pena. Dijo su hija menor.

Dicen que cuando un cisne escoge a su pareja, lo hace para toda la vida y si esta muere, el muere de pena muy poco después. Sería hermoso que el ser humano quisiese del mismo modo que lo hacen los cisnes aunque, desgraciadamente, no siempre es así. Este relato lo dedico a esas parejas de ancianos que han estado toda su vida juntos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Has conseguido hacerme llorar...precioso

Ana dijo...

me ha emocionado mucho de verdad, mi madre sobrevivió a mi padre unos años, acaba de fallecer hace dos meses, pero ya nunca fué la misma, su soledad no fuimos capaces de aliviarla nadie, vivía como si le faltase una mitad, rodeada de fotos y recuerdos.

Gracias por este relato, tambien yo he llorado, pero es bueno llorar a veces

Laura Falcó dijo...

La verdad es que esas parejas de ancianos de antes, me dan algo de envidia. Su concepto de la pareja y del amor era bastante más sólido que el de ahora.

Carmen P. dijo...

Un relato que llega al corazón, verdaderamente precioso.... "Quiero" pensar que ese concepto del amor sigue llenando la vida de la pareja cuando el tiempo va pasando y ambos se siguen viendo como una sola persona en el mismo espejo. Mis padres llevan 61 años juntos, y a pesar de su "muy" delicada salud, me parece maravilloso ver como en los momentos en que su memoria les da permiso, se preocupan el uno por el otro.

Anónimo dijo...

Laura ha expuesto muy bien el drama del fin de una pareja tras tantos años de unión. Es posible que las parejas que viven tan unidas durante tantos lustros sean el fruto de una situación socio-cultural que ahora no se da. Los jóvenes hoy día viven más el grupo que la pareja y al cabo de los años aparecen “las chicas de oro” y “los amigos de la birra y el partido de futbol”. Los hombres jóvenes de hoy piensan más en la peli “Salvad al soldado Ryan” de Spielberg y no en “La estrecha línea roja” de Malick. Al final, la soledad es la respuesta a la pregunta: “¿Cuándo seré adulto?” Sencillo, cuando te dés cuenta de que estás solo. Vivir en pareja es muy sano psíquica y emocionalmente siempre que uno no abuse del otro, la entrega ha de ser por ambas partes y aquí quiero precisar que la mujer ha tenido mucho que hacer para reconvertir al hombre educado en el machismo. El hombre no ha aceptado la igualdad per se, sino que ha debido entender y razonar, gracias a la mujer, que esa igualdad ha de ser algo connatural. El esfuerzo de avanzar por el camino de la vida que se hace aunando ambas fuerzas es más satisfactorio.
Lo dicho está basado en propias experiencias. Os paso un link.
http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/indexjs.html?i=p&c=op01564
Ralph

Yaicla dijo...

hola laura he conocido tu blog por casuualidad y porque se lo he visto a una amiga,pero tengo que decirte que me ha encantado tu relato,me ha emocionado tanto que me ha shecho llorar de emocion.
Ojala mi pareja y yo tambien seamos un cisne.
Gracias!

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