viernes, 19 de noviembre de 2010 | By: Laura Falcó

La bestia



Se acercaba la hora. María miraba inquieta el reloj de pared. Tic, tac, tic, tac... los minutos pasaban con demasiada prisa. Aunque trataba de no ponerse nerviosa, aunque miraba de olvidarse de que cada vez quedaba menos tiempo, su corazón no podía evitar acelerarse. Era el miedo el que se apoderaba incondicionalmente de ella haciéndola su esclava. Cada día el mismo ritual. Miró a su alrededor tratando de que todo estuviera perfecto, de que no faltase nada. Revisó con esmero cada rincón del salón.
 
-Esta bien, hoy seguro que nada falla. Decía para sus adentros mientras un sudor frío recorría su frente.

A veces, deseaba con tantas fuerzas que no llegase la hora, que si hubiera podido hubiese preferido desaparecer. Sin embargo, aquella no era una opción, no para ella. Su hija de apenas un año y medio, la miraba desde la cuna atentamente mientras ella seguía inspeccionando palmo a palmo toda la casa. Al cabo de unos escaso diez minutos, María oyó los pasos aproximándose por las escaleras. Su caminar era característico, inconfundible. Por sus pasos, María sabía perfectamente el estado en el que se encontraba. El pulso empezó a acelerarse y también la respiración. En esos momentos, no podía evitar acordarse de cuando su padre llegaba por las noches borracho a casa. Era ese mismo caminar, el caminar caótico y arítmico, lleno de trompicones el que les delataba. Luego, el ruido de la llave. Un intento, dos intentos y a la tercera por fin entraba. Asustada, arrinconada en la esquina del salón como si de un animalillo indefenso se tratase, María observaba atentamente la situación. Allí estaba él, la bestia, ese animal con piel de cordero que un día la engaño con mimos y palabrería. Ese ser despiadado y primitivo que hacía de su vida un auténtico calvario. Inmóvil, María esperaba una señal, una palabra que la invitara a moverse, a hablar. Mientras el avanzaba dando tumbos hasta llegar al butacón que había enfrente del televisor.

-¡María!
-Sí, dime. Contestaba ella con voz sumisa.
-¿Se puede saber dónde cojones están mis zapatillas?

María salió corriendo hacia la habitación en su búsqueda. Un error, pensó temiendo las consecuencias. Cabizbaja, y con las zapatillas en la mano se acercó a él.

-Menuda inútil estas hecha. Exclamó el como tantas otras veces.
-Perdón. Contestó ella en voz baja.
-¿Y la cena?
-Ahora iba a ponerme a ello. Respondió

Sin darle apenas tiempo a reaccionar Jorge se incorporó y la golpeó con tal fuerza que María salió despedida contra la pared.

-¡So vaga! Chilló mientras ella dolorida trataba de incorporarse.

Mientras Judith lloraba desesperada en la cuna; los gritos y aquel golpe seco la habían asustado. María corrió a cogerla en brazos pero él, tambaleándose, se acercó a la cuna y sacudiéndola exclamó:

-¿Pero se puede saber a ti que coño te pasa? ¡A ver si uno no puede estar tranquilo ni en su casa!

Temiendo por la pequeña, María entró en la cocina y tomó un cuchillo.

-¡A ella no!, ¡Ni la toques! Chilló mientras se abalanzaba sobre él, clavándole el cuchillo en el pecho.

Ya no iba a tener miedo nunca más, pensó, ya no iba a volver a mirar el reloj como cada tarde. Por primera en muchos años, María se sintió libre. Daba igual si acaba en la cárcel, incluso detrás de unos barrotes sería más libre y más feliz que a su lado.


Cada año más de cien mujeres mueren en nuestro país a manos de sus parejas, a manos de quien teóricamente debería protegerlas. DIGAMOS NO A LA VIOLENCIA.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Un buen tema. Felicidades

Carlobito dijo...

Mi madre vivió en carne propia esta historia... la violencia y el alcoholismo tornaron en pesadilla su vida y mi niñez, pero ella también sacó fuerzas y se enfrentó a la bestia... mis padres se divorciaron cuando yo era todavía niño... y después, felizmente, pude tener una vida bella junto a mi mamá.

Es bueno encontrar personas conscientes.

Saludos.

Laura Falcó dijo...

Me alegro que en tu caso todo acabase bien, desgraciadamente no siempre es así.

Un abrazo

Humberto Dib dijo...

Hola, Laura, entré a tu blog por casualidad, me pareció muy bueno, no quería salir sin decírtelo.
Aprovecho la oportunidad para invitarte al mío que es de literatura.
Un abrazo desde Argentina.
Humberto.

www.humbertodib.blogspot.com

qylicos dijo...

Me ha gustado mucho, Laura, corto pero directo.

Sofia dijo...

yo entro en tu blog desde hace tiempo ya, inicios de este año. me gusto mucho el relato, ya que me sirve como inspiracion para poder lidiar con un caso parecido que esta viviendo alguien muy cercano a mi
Sigue asi

Peter Mathius dijo...

Buen Argumento el de este Relato Corto, pero tristemente Real el Tema de la "Violéncia De Género", en fin, qué se le va a hacer, en este caso se hizo Justícia por parte de una de las Victimas... que logró tomarse "La Justícia por su Mano"... Me encanta que tambien trates temas de Rabiosa Actualidad como este caso, Láura... Felicidades ;)

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