martes, 7 de octubre de 2008 | By: Laura Falcó

El Intruso


Ya no lo soportaba más. La angustia, el dolor, la impotencia, le habían derrotado finalmente. Abrió la ventana, miró a la calle y, con lágrimas en los ojos, se propuso lanzarse al vacío.

Todo empezó un mes y medio antes. La crisis de la que el gobierno tanto hablaba, había hecho mella también en él. Aquella tarde, le acababan de comunicar su despido.

- No es nada personal, créame. La empresa está contenta con su trabajo pero, se avecinan malos tiempos y hay que ajustarse el cinturón.

Quien iba a prever aquello. Lo peor es que tampoco se había molestado en ahorrar y por el tiempo que llevaba trabajando, no le correspondía apenas paro. Tampoco tenía familia a la que pedir ayuda. Aquello no pintaba nada bien. Salió de la empresa cabizbajo y algo deprimido. Como cada día, se acercó al quiosco de la esquina y compró el periódico. Se sentó en un banco y trató de ordenar las ideas que se agolpaban en su cabeza. Una angustia terrible se estaba apoderando de él y debía hacer alguna cosa antes de convirtiese en su prisionero. Abrió el periódico por la página de bolsa de trabajo y repaso uno a uno todos los anuncios.


¿Quiere ganar 4.000 Euros de forma fácil y rápida?
Necesitamos cinco personas para testar una nueva vacuna.
Interesados diríjanse a:

Laboratorios Farmaport .
Avenida de la Concepción s/n
Polígono Las Matas.
Madrid


-¡Cuatro mil euros! Pensó

Eso le daría un margen de actuación considerable. Ese dinero le permitiría buscar un empleo con una óptica completamente distinta, sin la premura y el desespero que ahora le embargaban. Pero, nadie iba a darle cuatro mil euros por nada y esa vacuna...¿Y si le inoculaban algo peligroso? Aquella noche, Andrés no pudo pegar ojo. Soñó con virus que deformaban su rostro, con que su cuerpo quedaba paralizado tras inyectarle la vacuna, con enfermedades terminales...Cuando sonó el despertador ya llevaba más de una hora dando vueltas en la cama.

No perdía nada por preguntar, pensó mientras sumergía una magdalena en el café con leche . Siempre estaba a tiempo de irse si no veía claro el tema. Visto de aquel modo, la idea no parecía tan descabellada. Además, tampoco tenía nada mejor que hacer aquella mañana.


- Se trata de una vacuna experimental probada en animales. En principio, no debería ocasionar ninguna reacción adversa sino, por el contrario, debería impedir que usted enfermase. Realmente, el test que queremos realizar, se encamina más a controlar el porcentaje de efectividad de la dosis estándar en humanos, que a otra cosa.
- ¿Y cuál sería el procedimiento?
- Le inocularíamos un microorganismo, vía intravenosa, cuya función es la de rastrear la existencia de virus básicos como la gripe, infecciones respiratorias o infecciones cardio basculares. Después, tras dos horas de control preventivo, podría irse a casa hasta la próxima revisión.
- ¿Qué sería...?
- A la semana, aproximadamente .En esa revisión procederíamos a inocularle el virus de una gripe común, con el fin de comprobar el grado de efectividad de la vacuna. Tras comprobar su efectividad, tan sólo queda realizar una revisión semanal durante el primer mes y mensual hasta que se cumple el año, como simple precaución.
- Parece fácil y demasiado bien pagado si realmente el riesgo es tan bajo ¿no?
- Es fácil y bueno, cualquier prueba medica experimental suele estar bien pagada. ¿Cree usted que si no fuese así vendría mucha gente a que la pinchásemos?
- Supongo que no.

Andrés tomó la decisión sin pensar apenas. Por cuatro mil euros, pensó, no tardarán en venir más candidatos. Si no lo hacía él, lo haría otra persona y necesitaba el dinero como agua de mayo.

Algo no iba bien. Hacía una semana de la dichosa vacuna y se sentía muy extraño. Le acababan de inocular la gripe pero el mal estar era previo al virus. Había momentos, en que hubiese jurado que sentía como si algo se moviese dentro de él. Sabía que eso era imposible, que tal y como le había dicho la doctora, las causas de esas sensaciones eran puramente psicosomáticas.

- La cabeza puede jugarnos muy malas pasadas. Afirmaba la enfermera.

Dos días más tarde estaba allí de vuelta. Los constantes vómitos le hacían permanecer esclavo del baño. Su cuerpo había desarrollado algún tipo de intolerancia a ciertos alimentos. Su ciclos de sueño también se habían visto alterados. Era como si algo dentro de él, le impulsara a levantarse de la cama en mitad de la noche. También había empezado a sentir calambres por todo el cuerpo.

- ¿Y los otros pacientes?, ¿También tienen los mismos síntomas?
- Bueno, no exactamente.
- ¿Qué quiere decir con no exactamente?
- Verá. Hay dos que están perfectamente.
- ¿Y los otros dos?
- Pues,...se hizo lo que se pudo pero, hubo una reacción extraña y...
- ¿Y?
- Han muerto.
- ¿Muerto? Pero...¿no se supone que tan sólo era un prueba menor y sin riesgos? ¡Joder, joder! ¡Sáqueme lo que coño sea que me hayan inyectado echando hostias!
- No es tan fácil...no podemos sacarlo así como así.

Al tiempo averiguó que los dos sujetos que estaban bien, eran los dos candidatos a los que se les inyectó un placebo. De los tres a los que se les había inyectado el microorganismo, sólo quedaba él con vida.
Cada día que pasaba aquello iba a peor. Empezó a notar que algo dentro de sí tenía vida propia, y se movía libremente por su cuerpo. Cuando ese ser se movía, el dolor que provocaba era enorme. En más de una ocasión, tras alguno de aquellos movimientos, Andrés había sufrido alguna que otra hemorragia. Su vida se había convertido en un auténtico infierno. Hacía ya más de un mes que el laboratorio le había inyectado aquella cosa y eran incapaces de hallar ningún remedio. Se pasaba el día ingiriendo cantidades indecentes de comida y bebida y, sin embargo, la sensación de hambre y de sed jamás le abandonaban. Era como si aquel extraño ser se apoderase de todos los recursos alimenticios. Apenas podía conciliar el sueño, los continuos movimientos le desgarraban de dolor. Aquello se hacía insoportable y Andrés tenía que hacer algo para solucionarlo.

Una idea le asaltaba de forma continua e insistente. Si lo que había en su interior estaba vivo, sus reacciones no debían distar demasiado de las de cualquier otro ser vivo. La primera norma de cualquier ser vivo era la supervivencia y la de aquel ser estaba indiscutiblemente ligada a la suya. ¿Cuál sería la reacción de aquel ser si el trataba de quitarse la vida? Había además otro factor añadido. Aquel organismo estaba diseñado para luchar contra cualquier “infección” interna que pudiese amenazarle. Es decir, el envenenamiento no iba a ser posible. Pero, ¿qué ocurriría si se lanzase por una ventana?
Ya no lo soportaba más. La angustia, el dolor, la impotencia, le habían derrotado finalmente. Abrió la ventana, miró a la calle y, con lágrimas en los ojos, se propuso lanzarse al vacío.

- ¿Ahora qué pedazo cabrón? ¿Cómo vas a defenderte de esto? Chilló mientras asomaba la mitad del cuerpo fuera de la ventana.


Andrés yacía en el suelo inmóvil. Su cabeza sangraba abundantemente y no sentía sus extremidades. Oyó a lo lejos una sirena que se acercaba. Pasaron unos minutos y un hombre se inclinó sobre él, abrió su boca y se dispuso a tratar de reanimarle. Sintió como le inmovilizaban y le subían a la ambulancia. Después perdió el conocimiento.


Abrió los ojos y miró a su alrededor. No había nadie. Trató de incorporarse pero le dolía absolutamente todo el cuerpo. De pronto, oyó como se abría la puerta de su habitación y vio a una mujer ataviada con una bata blanca.

- ¿Cómo se encuentra?, ¿Me oye?
- Me duele todo el cuerpo
- Normal. Se ha roto usted las dos piernas, la cadera, la clavícula y una muñeca. Además, por supuesto, del traumatismo cráneo encefálico.
- Jesús...
- Si no llega a ser por el sanitario que le reanimó en la calle...

Fue en aquel instante en que Andrés se dio cuenta de que algo era distinto. Pese al dolor que sentía en todo su cuerpo, ya no sentía a aquel ser dentro de sí. Estuvo un buen rato inmóvil, atento, comprobando que realmente ya no le sentía. Ni rastro de él, pensó. Pasaron los días y aunque la recuperación era lenta, iba mejorando notablemente. Sin embargo, algo no dejaba de inquietarle. ¿Qué habría sido de aquel ser?

Aquella mañana iban a darle el alta y Andrés sintió un especial interés por el hombre que a fin de cuentas, le había salvado la vida. Le pareció que, al menos, debía darle las gracias. Esperó a que la doctora viniese con los papeles del alta y preguntó por él.

- ¿Trabaja aquí el médico que me atendió en la calle?
- Sí, pertenece a nuestro servicio de urgencias.
- Es que me gustaría darle las gracias antes de irme. Creo que es lo mínimo que puedo hacer.
- Ya...Verá, eso no va a ser posible.
- ¿Por?
- Está ingresado y en estado muy grave.
- ¿Qué le ocurre?
- Lo cierto es que desconocemos el origen de la infección. Vómitos, hemorragias, dolores abdominales...nos tiene desconcertados.

Andrés miró a la doctora sobrecogido, horrorizado. Desgraciadamente, su teoría había sido la correcta. Aquel ser, como cualquier otro ser vivo, había luchado desesperadamente por su supervivencia y el, sin saberlo, había condenado al hombre que salvó su vida. Andrés sabía que no pasaría ni un solo día, sin que se sintiera tremendamente culpable por ello.

1 comentarios:

Peter Mathius dijo...

Pues vaya história... un señor DESESPERADO que Prueba como "RATA DE LABORATÓRIO", y cuando ve que no RULA el Tema, se intenta SUICIDAR y le traspasa el "MARRÓN" a otro... Joer... es para pensarse el ayudar al prójimo... Por cierto Láura, me ha llamado la atención de los Laboratórios estos "Ficiticios" de tu RELATO, y al buscar por GOOGLE me ha dicho que los Laboratorios Farmaport existen, y están ubicados en LA CORUÑA (Casualidades de la VIDA).-

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